1968 no sólo es un número

El profesor Luis Gómez comenta el movimiento estudiantil a la luz de los conflictos políticos, sociales bélicos y culturales de la época

  1. Un salto al futuro próximo del 68
[dropcap]D[/dropcap]e 1969 a 1971 no sólo fueron los años de mayor represión contra el movimiento estudiantil surgido en el 68, sino también aquéllos donde las fuerzas porriles eran pagadas por el gobierno, principalmente del Distrito Federal, para tratar de mantener a raya la posibilidad de que surgieran nuevamente las organizaciones estudiantiles autónomas de izquierda.

En esa misma época Luis Echeverría, en ejercicio de la Presidencia de la República, elabora un doble discurso, por un lado el de la “apertura democrática” y por otro busca liderar las políticas del llamado grupo del Tercer Mundo con propuestas de desarrollo alternativo.

Sin embargo, en su gobierno hay una política de cacería de brujas de líderes estudiantiles; al mismo tiempo algunos de los presos políticos del 68 empiezan a ser liberados o regresan del exilio. Es importante decir que también en ese período comienza la llamada guerra sucia contra las guerrillas rurales y urbanas que empezaron a proliferar en el país.

En junio del 71, el movimiento estudiantil trató de levantar cabeza. Respondiendo al llamado de solidaridad de los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León el día 10 de junio se organiza en la capital una marcha de apoyo a las demandas estudiantiles de la UANL, mismas que el gobierno de ese Estado logró negociar con sus propios interlocutores, y donde los Comités de Lucha de la propia instancia educativa fueron relegados y excluidos. Por esta razón se decidió continuar con base en una decisión dividida en el Comité Coordinador de Comités de Lucha del movimiento estudiantil (el Co.Co.), constituido por representantes de facultades y escuelas de la UNAM, el IPN, Chapingo, la Normal, la Ibero y otras instituciones.

Para unos la manifestación sería una prueba de fuerza del movimiento. Para otros la correlación de fuerzas la haría ver como una provocación al gobierno que respondería con encono y con la represión injustificada. Si bien los primeros fueron demasiado optimistas, los segundos tuvieron razón. Fue sorprendente la capacidad de convocatoria, teníamos la sensación de que el movimiento había vuelto a conquistar las calles; no obstante, el gobierno había preparado una emboscada con fuerzas paramilitares armadas, compuestas por ex policías, ex militares y personas salidas del lumpen proletariado urbano, organizados y pagados por el entonces Departamento del Distrito Federal, mismos que golpearon, balacearon y reprimieron el intento de vuelta del movimiento que había terminado más de dos años y medio atrás, el 2 de octubre del 68. Hubo muchos muertos y heridos que le recordaron al movimiento la prohibición del ejercicio de las libertades democráticas por las cuales se había luchado.

¿Pero estas consecuencias de que causas vienen?

  1. El movimiento propiamente dicho. Su significado.

Debemos decir que el 68 no sólo es un número, ni siquiera cabalístico, es un año del siglo pasado que se constituyó como un verdadero parteaguas de la historia contemporánea, no sólo de México sino también del ámbito internacional. Refleja en primer lugar la emergencia del concepto de juventud, nacimiento de un nuevo actor político y social que osó gritar ¡Soy y aquí estoy! 

[pullquote-right]“[…] es un año del siglo pasado que se constituyó como un verdadero parteaguas de la historia contemporánea, no sólo de México sino también del ámbito internacional”[/pullquote-right]

Además cuestionó el principio de autoridad y se identificó con las causas más nobles de aquella época: contra la segregación racial y por los derechos civiles, contra el Apartheid en Sudáfrica, por la igualdad de las mujeres, contra la guerra de Vietnam, por las libertades democráticas y contra los autoritarismos de cualquier signo, por los derechos sexuales y reproductivos. Pugnó por la libertad o la liberación sexual. Una lucha internacional que sin dudas marcó nuestro tiempo.

Vimos manifestaciones, represión y confrontaciones con la policía de los Estados, igual en Praga, Berlín, París, Ámsterdam, Dakar, Río de Janeiro, Sao Paulo, Santiago de Chile, Buenos Aires, Roma, Washington, Kent, San Francisco, Belgrado, Sofía, Bratislava, y en México, entre otras ciudades del globo; en definitiva fue una lucha internacional.

En México 1968, en la perspectiva de la realización de las Olimpiadas, frente a la represión autoritaria del 23 de julio de ese año en la plaza de la Ciudadela, los jóvenes universitarios, politécnicos, normalistas, de estudios agrarios, incluso de algunas universidades privadas, se lanzaron a las calles, ocuparon los recintos de las escuelas y facultades de la educación superior, para expresar no solamente su protesta ante la represión policiaca sino principalmente para luchar por las libertades democráticas confiscadas por el partido-gobierno.

A cincuenta años de estos sucesos hay múltiples crónicas del movimiento del 68, desde aquellas que ven en él una serie premonitoria de grandes cambios, de actividades políticas, artísticas (tuvo su propia gráfica, pintura, festivales de teatro, música y de poesía), incluso lúdicas, es decir, ¡el 68 también fue una fiesta!, hasta aquellas que lo vieron como un peligro para la estabilidad política de la nación.

Tuvimos en esos años un presidente (1966-1970), evidentemente del PRI, Gustavo Díaz Ordaz, quién nace a la vida político-administrativa en un Ministerio Público; yo creo que nunca salió de la idea de gobernar al país de manera ministerial, era un anticomunista convencido, agente de la CIA, todo el resto de su vida después del 2 de octubre afirmó que el movimiento estudiantil del 68 era un complot comunista internacional, o al menos así quiso legitimar sus decisiones criminales; pero se puede demostrar fehacientemente que éste tenía causas sociales internas y que las razones y metas que se proponía no sólo eran legítimas, sino además necesarias. ¿Cuáles eran estas metas y a qué necesidades nos referimos?

En primer lugar la creación de una prensa marginal, con esquemas novedosos de comunicación del movimiento, basadas fundamentalmente en el volante, el cartel, la pega. Nos comunicábamos a través de hojas volantes. Nuestros documentos, que algunos llamaban “documentos para gente democrática”, circulaban de mano en mano, con el análisis sobre la coyuntura del movimiento, sobre el feminismo, sobre el movimiento del “Black Power” en los EEUU, sobre los movimientos estudiantiles en el mundo; pues como ustedes saben, el movimiento estudiantil no solamente fue en México, tuvo una expresión internacional: el primer movimiento organizado se dio en Francia, fue el Mayo del 68, pero ya había sido precedido en Checoslovaquia donde se protestaba por la invasión de las fuerzas militares del Pacto de Varsovia, además, otros escenarios políticos lo siguieron en México, en Alemania, en Polonia, en Japón, en Italia, donde el movimiento se da en el 69; en fin, fue un movimiento de carácter internacional.

Hay un libro estupendo de Aurora Cano, Andaluz, que se encuentra en las bibliotecas, un libro de un tamaño físico extraordinario, realizado con copias facsimilares de los principales periódicos mexicanos en los días del movimiento estudiantil,

Una de sus razones fundamentales es la libertad política; había un sistema de partido único con  minipartidos satélites. Se buscaba la posibilidad de que hubiera partidos de diverso cuño, estaba obviamente el Partido Acción Nacional, de la derecha conservadora católica, pero era minoritario y no se tenía muy claro si realmente aspiraba al poder; tenía sus antecedentes en los sinarquistas que tuvieron al mismo tiempo contactos con el fascismo y el movimiento cristero, en reacción a la Revolución Mexicana, y en fin, aunque fuera opositor, en realidad era un partido que más bien tenía una tradición distinta con orígenes diferentes, entre otros, la influencia de la Encíclica de León XIII, una de sus mejores expresiones socialcristianas. No representaba para el gobierno una verdadera oposición. Otra tradición que nunca llegó a sus filas fue la Teología de la liberación, misma que tuvo una influencia importante en sectores cristianos de izquierda.  [pullquote-left]”había un sistema de partido único con  minipartidos satélites.“[/pullquote-left]

También tenía como propósito la libertad sexual, había una gran represión en términos de la libertad de relaciones entre hombres y mujeres y de alguna manera también cambió los hábitos, se liberalizó y se establecieron nuevas prácticas del ejercicio de la sexualidad con mayor libertad. Ello refrescó la vida en la sociedad.

El movimiento estudiantil del 68, en suma, planteó la búsqueda de libertades en plural, inexistentes o confiscadas o atenuadas en esa época. Por su profundidad y sus significados fue una especie de primavera. A pesar de que surge a principios del verano en México, fue una verdadera primavera;  podríamos decir que era una especie de “fiesta” por todo lo que descubrimos en la calle; descubrimos la política, la música, el erotismo y la sexualidad, la vida; de repente veíamos cómo los parques y las banquetas florecían y nos tomábamos la extravagante oportunidad de que los jóvenes tuviéramos una voz, de que se nos escuchara en la calle, en los mercados, en los camellones, en los autobuses; de que se pudiera al menos visualizar una opción de participación política, de que pudiésemos explayarnos y desplegar ampliamente la creatividad; generó prácticas de comunicación alternativas, festivales, expresiones poéticas, literatura, y sobre todo se mostró la necesidad de un cambio político profundo en nuestro país.

  1. Los principales momentos del Movimiento Estudiantil Mexicano. Aquí quiero dar cuenta de manera muy sucinta de una cronología del movimiento en siete momentos:

Partiendo del momento cero, el 23 de julio con la represión inaudita a la incidental pelea entre estudiantes de las vocacionales 2 y 5 del Instituto Politécnico Nacional y alumnos de la Preparatoria privada “Isaac Ochoterena”, que consiguió inmediatamente unificar a los tres grupos de rijosos para resistir al cuerpo de granaderos del gobierno del Distrito Federal.

El primero se caracteriza por la emergencia del movimiento como una respuesta a la represión policiaca; se despliega como una capacidad inédita de actividades organizadas casi espontáneas, con un mitin y dos manifestaciones, una originalmente planteada para conmemorar y apoyar a la Revolución Cubana el 26 de julio, otra para protestar contra la brutalidad de la represión policiaca, mismas que se encuentran y se funden es una sola con la creación de los Comités de Lucha estudiantil, escuela por escuela y, la elaboración del pliego petitorio circunscrito a los acontecimientos inmediatos.

El segundo momento va desde el establecimiento de la huelga, y el nacimiento del Consejo Nacional de Huelga, como una aspiración a darle una dimensión nacional al movimiento, interesando a estados como Puebla, Michoacán, Oaxaca, Tabasco, Guerrero, Sinaloa, Coahuila, Baja California. Hubo igualmente actos de solidaridad en Ciudades como Guadalajara, Tepic, Xalapa, entre otras… Esta segunda etapa culmina con el famoso bazucazo a la Preparatoria 1 y la toma de preparatorias y vocacionales por el ejército y la policía.

El tercer momento va de la manifestación encabezada por el rector Barros Sierra y culmina con la marcha y plantón del 27 de agosto, que resuelve muy minoritariamente y según algunos miembros del CNH, como una provocación, probablemente inducida desde el gobierno, y a quedarse ahí para esperar el informe presidencial del 1°de septiembre.

El cuarto momento va del acto masivo de “desagravio a la bandera”, pues el 27 de agosto se había colocado una de tela rojinegra; el propio informe presidencial que culminó con un  “Con usted… hasta a la ignominia!, por parte de los diputados al Presidente Díaz Ordaz y que termina con la impresionante “marcha del silencio” el 13 de septiembre.

El quinto momento va de la ocupación militar de la Ciudad Universitaria de la UNAM, el 17 de septiembre; la “batalla” de resistencia contra la toma del Instituto Politécnico Nacional por el ejército, el 23 de septiembre, hasta el momento trágico del 2 de octubre, con el cual se constituye como un golpe militar y asesinato masivo de estudiantes, que pretende y eventualmente logra liquidar al movimiento.

Por último, el sexto periodo que inicia con la inauguración de los Juegos Olímpicos de la Ciudad de México (donde se oyó una rechifla enorme a Gustavo Díaz Ordaz, quien incrédulo, no acertaba a comprender tal rechazo), hasta la disolución formal del Consejo Nacional de Huelga. Todavía el 14 de noviembre Octavio Paz justifica su renuncia a la Embajada Mexicana en París argumentado que el PRI era ya una maquinaria administrativa que se había convertido en un obstáculo para el desarrollo de México.    

El resultado, ustedes lo conocen, es la incapacidad de un gobierno para procesar las demandas sociales, pensar la vida política autónoma más allá de la idea de la existencia de un complot internacional comunista; es la cerrazón y el autoritarismo y sobre todo la visión pobre y lastimosa de un gobernante acomplejado que tenía serios complejos en términos del ejercicio del poder y que sintió que el movimiento estudiantil cuestionaba fundamentalmente su autoridad.

Más allá del pliego petitorio, que como digo, a la distancia, puede ser que hoy nos parezca mínimo y hasta ingenuo, nos seguirá pareciendo increíble que el gobierno no haya concedido, y que en lugar de darle una respuesta y una solución mejor a éste, haya optado por la vía de la represión, la violencia y la masacre que se vivió precisamente el 2 de octubre.

Pero tuvo un desenlace trágico, injusto e innecesario, acto abominable de un régimen que manejó la idea de un complot comunista internacional para justificarse. Fue el principio de su pérdida de legitimidad.

Un movimiento que tuvo, como todos lo sabemos, una respuesta trágica, una incomprensión y una actitud revanchista y asesina por parte del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz y de su secretario de gobernación Luis Echeverría Álvarez, responsables ambos de la masacre del 2 de octubre, ante la cual, quienes guardan la memoria del movimiento queda para siempre su consigna: ¡ni perdón, ni olvido!

Sin este movimiento, el México actual sería impensable, aunque debemos decir que todavía a cincuenta años queda mucho por hacer. Veremos…

Luis E, Gómez.

Profesor Titular “c” de Tiempo Completo, Definitivo de la Facultad de Ciencias Políticas  Sociales, UNAM. Actualmente es coordinador de Vinculación en el Área de Planeación de la Facultad Facultad de Filosofía y Letras

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