1968 palabras

Leonardo Figueiras

1968 palabras

Desde su creación en 1951, nuestra Facultad siempre persiguió una formación crítica y contemporánea basada en las diversas teorías de las ciencias sociales, particularmente de la marxista.

Los estudiantes, así como la planta académica, han estado comprometidos permanentemente con la interpretación y la práctica política-social, esencia de nuestra razón de ser. Por ejemplo, nuestra comunidad siempre ha estado a la vanguardia del debate de hechos históricos como la Revolución Cubana en 1958-59, el movimiento ferrocarrilero en México, las diversas luchas sociales emergentes en nuestro país y el mundo, entre muchas otras.

El Movimiento de Liberación Nacional de nuestro país en 1961 fue impulsado, en gran medida, por estudiantes y profesores de Ciencias Políticas de la época.

Los movimientos campesinos de los sesenta y setenta, el movimiento magisterial de 1964, el movimiento médico de 1965, así como diversas luchas estudiantiles de mediados de los sesenta en universidades de distintos Estados de la República, han sido motivo del estudio y participación de los integrantes de nuestro gremio intelectual.

Desde entonces la Facultad ha sido centro de muchos grupos de izquierda en sus diversas tendencias, stalinista, trotskista, maoísta, guevarista, anarquista y de círculos de estudio con nombres de próceres nacionales.

1968 no fue la excepción, nuestros compañeros que tuvieron el mandato de asamblea para representar a la Facultad en el Consejo Nacional de Huelga (CNH), de agosto a diciembre, fueron: Romeo González Medrano, Mario Núñez Mariel, José González Sierra, Juan Felipe Leal y Fernández, Israel Galán y Gerardo Estrada Rodríguez.

Asimismo, otros fueron participantes muy destacados en el movimiento: los integrantes del comité de lucha, los coordinadores de brigadas, los activistas.

En este momento de recordación están presentes; Hilda Aburto, Teresa Lozada, Víctor García Mota, Paco Ignacio Taibo ll, José María Calderón, Eligio Calderón, Gloria Astiz, Rubén Venadero, Héctor Gama, Ramiro Carrillo, Raúl Rojas y muchos otros.

El movimiento no pasaba por la televisión y escasamente se comentaba en la radio. Sólo la prensa escrita lo trataba, pero desde el punto de vista de subordinación al régimen; con sus excepciones, como El Día y Las Últimas Noticias. En casa teníamos la suscripción de El Heraldo, por la peregrina idea de sus fotos a color.

Mi formación era contradictoria: mi familia, perteneciente al viejo continente, vino a trabajar en las minas de la frontera y a dedicarse al comercio de abarrotes. Al poco tiempo se encontraron con la Revolución Mexicana, un hito en la historia que integraría un nuevo proyecto de  país.

Mi cultura fue el rock: la de mis abuelos la música española y un poco de música mexicana. Había disciplina en la familia con el objetivo central de aprender la cultura del trabajo, para no depender de nadie y costearse los gustos de cada quien. A la iglesia solo se asistía por los compromisos sociales o familiares, nada más.

No obstante, la sociedad era clasista, elitista, paternalista, monopólica, mayoritariamente católica y racista. Claro, esta narración la hago desde mi óptica de pequeño-burgués.

En ocasiones los acontecimientos en los Estados Unidos nos los transmitía el régimen político mexicano sin problema alguno, pero en cambio los conflictos y las protestas de aquí eran censurados. Estuvimos cerca de la carrera espacial, del asesinato de John Kennedy y después de Robert Kennedy, de los conflictos raciales y el asesinato de Martin Luther King, el 4 de abril de 1968.

Yo no tenía razones para enfrentarme a mis mayores, ellos desde su óptica me apoyaban y orientaban. En cambio, con relación al régimen y sus instituciones se observaban muchas injusticias, así como desigualdades.

Cuando en abril de 1968 irrumpe la protesta y la rebelión estudiantil en la Universidad de Columbia, en Nueva York, EU, existía un grave conflicto generacional: la industria de la guerra de los grupos norteamericanos en el poder habían agotado sus falsos argumentos hegemónicos de dominación y se enfrentaba al grave cuestionamiento de la juventud norteamericana contra sus gobernantes; los chicos de la época aseveraban que no debían confiar en los mayores de 30 años.  Esto lo mostraron las protestas contra la guerra de Vietnam.

La melodía que grababa Louis Armstrong en enero del 68 “What a wonderful world”, era agradable, pero ya no tenía que ver con lo que estaba viviendo la nueva generación, que era mejor representada por los Beatles, John Lennon, Chuck Berry, los Rolling Stones, los Animals, los Yardbirds, después Led Zeppelin, Jim Morrison de los Doors, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Big Brother and The Holding Company y muchos más.

La toma de la Universidad de Columbia, el 23 de abril de 1968, fue el llamado a la rebelión general en Estados Unidos, dado que la normatividad en las universidades norteamericanas impedía los actos de protesta y los mítines.

Ante los intensos reclamos de la juventud para ya no permitir ser llevados a la guerra a su probable muerte o mutilación, se produjo el estallido de verdaderos levantamientos contestatarios en los campus universitarios; los enfrentamientos con la policía duraron días, uno de los líderes fue Jerry Rubin. Desde entonces ya nada fue igual.

Días después fue el mayo francés, donde recordamos la toma de la Sorbona de París y las múltiples barricadas que emergieron como una guerra o revolución en dicho país. Treinta feroces combates se dieron a lo largo de semanas, las causas diversas: el plan de estudios al servicio de la burocracia y los intereses del capital, los enojos sociales acumulados, las demandas de diversos grupos de la sociedad, las inconformidades, etc.

Aparecía la Primavera de Praga, mejor conocida como el reclamo de un “socialismo con rostro humano”, cuyo líder era Alexander Dubcêk, un checoslovaco que cuestionaba la línea dura dogmática del partido comunista subordinado al Kremlin y por otro lado la ausencia de libertades.

EL PAPEL HISTÓRICO DE LA FACULTAD EN EL 68

En 1968 yo acababa de terminar la secundaria, estaba en el tránsito a la preparatoria nueve (Pedro de Alba). Antes de tener una idea de lo que sucedía, ya estaba junto con otros compañeros en la confrontación contra granaderos en sus incursiones a la prepa y al politécnico en Zacatenco.

 

 

En octubre del 68 cumplí 17 años, a las manifestaciones que acudí fueron dos: la del 27 de agosto y la del 13 de septiembre. El día dos de octubre llegué tarde y me quedé con otros estudiantes en las afueras de lo que sería el cine Tlatelolco, en Manuel González; ya todo estaba rodeado por el ejército.

En el movimiento estudiantil era común ver a jóvenes  de prevocacional entre los 13 y 15 años de edad.

En la familia se me bombardeaba: los paternos con que estudiara Medicina, los maternos que Derecho. En cambio, a mí me atraían carreras como Actuaría o Ciencia Política, al final me decidí por nuestra Facultad.Desde entonces, entre los activistas era común la plática y discusión acerca de las diversas posiciones políticas de algunos de los representantes ante el CNH, destacaban Gilberto Guevara Niebla, Marcelino Perelló y Raúl Álvarez Garín.

No es que nuestra Facultad no tuviese talentos intelectuales, sino que la vida académica propia hacía que la actividad y las posiciones políticas fueran más colectivas. Desde luego eran complicadas las discusiones en Ciencias Políticas, en virtud de que muchos de los participantes en el movimiento tenían ciertas filiaciones con diversas tendencias marxistas.

En la Facultad no solo coexistían muchos grupos políticos, también se recibía y alojaba con gusto a estudiantes de carreras en donde el pensamiento dominante era conservador, si no es que de plano reaccionario.

Recuérdese grupos como el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), formado por jóvenes católicos con quienes, en la primaria y secundaria, conviví. O como la Guardia Unificadora de Iberoamérica (GUIA) y muchos otros cuyas actividades se concentraban en Derecho, Ingeniería, Medicina, Veterinaria y Arquitectura. Después algunos grupos de esas facultades se autodenominarían Las siete hermanas, para combatir a los comunistas y a todo espíritu de izquierda y servirle al poder político imperante.

Regresando al 68, la Facultad de Ciencias Políticas era un gran centro de debate de muchos de los problemas nacionales e incluso internacionales. Era protagónica como comunidad, pero no por liderazgos; en ese entonces casi nadie deseaba ser líder protagónico, se tenía conciencia de esa deformación llamada “culto a la personalidad”.

La Facultad era referente y vanguardia en la discusión y propuestas de resolución de los grandes problemas nacionales, parafraseando a clásicos mexicanos y a la propia Ley Orgánica de la UNAM.

El Rector Barros Sierra fue el gran defensor de las instituciones de la República y no el gobierno del priista Gustavo Díaz Ordaz, quien sólo apelaba a la razón de Estado en el sentido de preservar el poder a costa de lo que fuera, incluso violentando la Constitución y las leyes del país.

La columna vertebral del movimiento estudiantil eran sus brigadas, en las que muchos destacaron por su creatividad, inteligencia y valor. Iban a las calles, plazas, autobuses y ciudades a difundir los seis puntos del movimiento, pero más que eso, por las causas y los objetivos de las libertades democráticas.

Recuérdese que hacer una pinta y volantear era sinónimo, para el viejo régimen, de rebelión; aquellos que eran descubiertos realizando alguna de estas actividades eran aprendidos y golpeados o incluso baleados.

La Facultad tuvo un papel destacado en la difusión político-cultural, cine clubes, actividades musicales y artísticas, igual que los compañeros de la Facultad de Filosofía y Letras.

Para explicar cómo era la Facultad en 1968, en la semana del 26 de julio –que es cuando inicia el movimiento, por la represión a las dos marchas de ese día–, la Facultad ya estaba en huelga. Retomo unas líneas de Paco Ignacio Taibo ll: “En Ciencias Políticas no esperamos por nadie. Ya llevábamos una semana de paro apoyando a los presos políticos. Ahí no se trataba de acompañar al movimiento, nos sentíamos el movimiento.”

El papel de las mujeres fue fundamental en todos los órdenes, nos enseñaron a que eran muchas veces mejores que nosotros; fueron un gran impulso al movimiento, aunque paradójicamente eran pocas las que llevaron la representación estudiantil de la UNAM ante el CNH: de Filosofía, María Eugenia Espinosa Carbajal; de Odontología, Marcia Gutiérrez; de Derecho, Roberta Avendaño; y de las prepas, Eugenia Valero, Rosalba Zúñiga y Adriana Corona; en cuanto al Politécnico, hubo otras cuatro compañeras representantes; por lo que respecta a alguna escuela particular, tuvieron, si acaso, una mujer mandatada.

Adriana Corona Vargas merece una mención aparte, puesto que a pesar de ser representante de la preparatoria 6 ante el CNH, fue amenazada por el director de la misma institución y tuvo que asilarse en Ciencias Políticas, en donde prácticamente vivía, y en uno de los espacios destinados para los mimeógrafos imprimía miles de volantes diariamente. Es justo decir que ella es la memoria documentada del movimiento.

Nuestro plantel tuvo el aporte de ideas de profesores como: Víctor Flores Olea, Enrique González Pedrero y Henrique González Casanova, quien era puente con el gobierno. El movimiento duró 69 días, del 26 de julio al 2 de octubre, cuando fue masacrado; de entonces al 4 de diciembre corrieron 63 jornadas en donde las discusiones versaban sobre cómo cerrar esa etapa y reorganizar el movimiento. La comunidad de esta Facultad asumió esa tremenda tarea.

A inicios de los setenta coincidí en el comité de lucha de la Facultad con mis compañeros Rocío, Nezahualcóyotl, Patricia, Carlos González, Polo Ferreiro, Enrique Toledo, Graciela Hernández Alarcón, Javier Alcocer, Prócoro, Ana y Edgar Morales que son a quienes recuerdo tal cual, faltándome algunos que decidieron continuar por otras vías y nunca los volvimos a ver.

Todos los intentos de marcha o mitin fueron combatidos por el régimen. Si bien se aniquiló militarmente al movimiento estudiantil de 1968, éste triunfó, el régimen fue exhibido históricamente por autoritario y represivo, la sociedad en general tomó conciencia de las libertades democráticas. La Revolución del pensamiento iniciaba.

 

Leonardo Figueiras.

Politólogo. Profesor titular de tiempo completo de la Facultad. Responsable de la opción de Comunicación política en la carrera de Ciencias de la Comunicación.