Breve panorama sobre la crisis global del capitalismo fósil en el siglo XXI

Sandra Kanety Zavaleta Hernández1 y Cesari Irwing Rico Becerra2
1 Coordinadora del Centro de Relaciones Internacionales (CRI) de esta Facultad. Doctora en Ciencias Políticas y Sociales, profesora de tiempo completo. Integrante del Sistema Nacional de Investigadores.
2 Profesor de asignatura y secretario académico del CRI. Egresado de la maestría en Estudios en Relaciones Internacionales por el Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Breve panorama sobre la crisis global del capitalismo fósil en el siglo XXI

Capitalismo, naturaleza y acumulación

En el actual ordenamiento internacional convergen diversas y complejas expresiones —fundamentales dentro del entramado sistémico de explotación— que permiten la (re)producción del sistema dominante y generan, a su vez, una enorme de­si­gual­dad en la sociedad internacional y en las relaciones de poder que la sustentan.

De todos los factores que posibilitan la producción y reproducción del sistema capitalista, los elementos de lo “natural” y lo militar adquieren un papel prioritario en la lógica de producción del capital. Es así que la búsqueda y extracción de materias pri­mas, de la mano del ejercicio de la violencia, se han consolidado como prácticas constantes de dominación a lo largo de la historia del capitalismo y también como unas de las más eficaces que el polo industrializado (hegemónico) ha implementado hacia “el mundo en desarrollo”.

Si bien desde el siglo xvi, la explotación de las materias primas sería determinan­te para la expansión del capital (a través de la acumulación originaria impulsada por el proceso de colonización y despojo en donde la violencia en diversas formas estuvo siempre presente), fue con la Revolución Industrial, en el siglo xviii, que éstas ad­qui­rie­ron un carácter estratégico sine qua non en el proceso de expansión capitalista.

Desde entonces, ha sido en la falaz idea del “crecimiento ilimitado” —basado en la relación dominación-subordinación de capital-naturaleza— que el saqueo a gran escala de materias primas se ha mantenido, legitimando las asimétricas relaciones de poder entre “desarrollados” y “subdesarrollados”; generando, con ello, un creciente grado de dependencia de las periferias, mantenido y reforzado por múltiples me­ca­nis­mos que van desde la “ayuda oficial al desarrollo” hasta intervenciones territoriales mi­li­ta­res.

Los diamantes de Sierra Leona o Liberia; el coltán de República Democrática del Congo; las piedras preciosas de Afganistán, Myanmar o Camboya; el “oro negro” (petróleo) de Angola, Nigeria o Sudán; la madera fina de Ghana, Gabón, Guinea Ecuatorial o Madagascar, se han con­ver­ti­do en elementos de altísimo valor para el capitalismo y su funcionamiento, y en muerte y despojo para sus poblaciones. Bas­te decir que en los últimos se­ten­ta años, la disputa por los “bienes naturales” causó poco más del 40% de los conflictos ar­ma­dos alrededor del mundo (ONU, 2018).

Hoy día, en medio de un contexto de franco agotamiento de los “recursos naturales”, particularmente de los fósiles (petróleo, carbón, gas natural y gas licuado), acelerado crecimiento de la población, altísimos niveles de consumo de bienes y servicios de todo tipo y de estrategias de competencia cada vez más voraces, el aseguramiento de la naturaleza (acceso, uso, explotación y/o posesión) se vuelve fundamental para la sobrevivencia del propio sistema y de algunos de sus instrumentos, como el Estado y la empresa.

El petróleo como recurso estratégico

Ningún recurso nace, per se, como estratégico. De hecho, no existe como tal un recurso natural que cumpla con las características necesarias para la satisfacción productiva de la vida humana por el sim­ple hecho de existir. Éstos siempre son definidos por la actividad social y, es­pe­cí­fi­ca­men­te, por aquellas relaciones sociales que se encuentran ligadas a un sistema histórico de producción determinado.

Así, la definición de los recursos de­pen­de­rá, en primera instancia, de los con­tex­tos espaciotemporales que determinan al sistema de producción imperante. La industria del petróleo, en este tenor, ha significado uno de los puntos clave para la reproducción del sistema capitalista mundial a partir de fines del siglo xix y principios del xx, momento en el cual el sistema mundial comienza a definirse como una producción dominante de la supremacía estadounidense, en competencia interimperial con diversas potencias —principalmente europeas.

Con la llegada de la revolución cor­po­ra­ti­va (Orozco, 2004) y el llamado siglo americano, se dio una explosión in­dus­trial en las principales ramas de la producción y el consumo mundiales. El ascenso de grandes corporaciones petro­le­ras, como la Standard Oil Company y las llamadas “siete hermanas”, élites y fa­mi­lias corporativas como los Rockefeller, construyeron grandes monopolios que co­men­za­ron a dominar la industria petrolera y a producir una vida de consumo global tendiente a la superproducción in­dus­trial y a una intensificación sin precedentes de la acumulación de capital.

Todas estas tendencias consolidaron el ordenamiento geopolítico internacional derivado de la segunda posguerra, en el que la competencia hegemónica entre Estados Unidos y la Unión Soviética encontró en la seguridad energética uno de sus principales ejes de confrontación y conflicto, así como en el posicionamiento estratégico en espacios clave para el suministro de energéticos para sus modelos de producción.

Al ser el principal combustible de todas estas transformaciones, el petróleo logró consolidar una supremacía indiscutible que lo ubicaría como el recurso estratégico más importante del último siglo en la historia mundial. Como consecuencia, en la actualidad éste sostiene a muchas de las industrias más importantes del sistema global, como lo son la de los transportes, infraestructura, manufactura, industria pesada, producción de tecnología de punta, armamento, militarización, entre otras.

La producción petrolera definió, en buena medida, el rumbo que las relaciones internacionales habrían de tomar, coadyuvando a la consolidación de una intensa competencia entre las grandes potencias mundiales, las cuales han encontrado en el control de la industria y el recurso uno de sus principales intereses geopolíticos. De tal manera, a pesar de que Estados Unidos cuenta con una importante ventaja comparativa con el resto del mundo gracias a sus despliegues estratégicos de la mano de grandes corporaciones como Chevron y Exxon Mobil, entre otras, el control de la industria petrolera no se circunscribió al dominio de la hegemonía estadounidense. Países como Rusia, China, Reino Unido, Alemania, Japón, desarrollarían un intenso poder infraestructural y corporativo que les permitiría hacerse de territorios y enclaves estratégicos para potenciar su producción petrolera y, así, promover sus estrategias de acumulación de ganancia.

Por tanto, el petróleo representa hoy el más importante de los recursos estra­té­gi­cos para la industria mundial en su conjunto, entendiendo su carácter “es­tra­té­gi­co” a partir de la necesidad que el sis­te­ma capitalista encuentra en él para la reproducción material de la vida y de to­da una serie de procesos que, en su conjunto, han permitido la reproducción global del mismo, así como su desarrollo histórico.

Crisis del capitalismo fósil

El vocablo crisis ha sido tradicionalmente utilizado para hacer referencia a momentos de dificultad, perturbación, alteración o cambios bruscos alcanzados en el curso o desenvolvimiento regular y previsible de una situación grave y peligrosa (Hernández-Vela, 2013); asimismo, en el transcurso de las últimas cuatro décadas, se ha hecho común su uso para la observación de situaciones globales que denotan la acumulación de contradicciones al interior del ámbito de reproducción del sistema capitalista mundial, así como de sus procesos de producción y definición de la vida.

Esta condición ha llevado a que diversos autores reconozcan que el sistema capitalista global en su conjunto —y no sólo en el ámbito económico— se encuentra en un punto crítico, en el que el equilibrio ya no es posible y es remplazado por una crisis estructural sistémica que derivaría, en algún punto, en una bifurcación sistémica —aquel cambio brusco que definiría la transformación del sistema de producción en su conjunto, ya sea hacia su rearticulación o hacia su sustitución por otro patrón civilizatorio (Wallerstein, 2011).Goldenberg, Suzzane; “Just 90 companies caused two-thirds of man-made global warming emissions”. The Guardian, November 20, 2013 (en línea) https://www.theguardian.com/en­vi­ron­ment/2013/nov/20/90-companies-man-made-global-warming-emissions-climate-change

Hernández-Vela Salgado, Edmundo; Enciclopedia de Relaciones Internacionales. Porrúa, México, 2013.
onu; Los recursos naturales causaron más del 40% de las guerras de los últimos sesenta años; ONU Noticias.

Consultado en https://news.un.org/es/story/2018/10/1443762
Orozco, José Luis; La revolución corporativa. Fontamara, México, 2004.

Saxe-Fernández; John (coord.); Sociología política del colapso climático antropogénico. ceiich, unam, México, 2018.

Wallerstein, Imannuel; “Crisis estructural en el sistema mundo. Dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos”. Monthly Review , Vol. 62, No. 10, Marzo 2011.

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