Balance de las elecciones de este año

En esta entrega, Marcela Bravo, Doctora en Ciencia política presenta un análisis de la pasada jornada electoral. Ilustración: Ángela Alemán

[dropcap]E[/dropcap]n estas breves líneas voy a presentar un balance de la reciente jornada electoral, la más importante a nivel estatal y local que hayamos tenido  por el número de cargos en juego y por sus resultados, los cuales pueden ser analizados desde distintas perspectivas.

Un primer punto es que reflejan los alcances de una democracia puesta en marcha por los mexicanos de mi generación, muy imperfecta aún, pero que nos ha alejado del semiautoritarismo propio del sistema de partido hegemónico, que perduró varias décadas en el México posrevolucionario del siglo XX. Los analistas políticos que con el regreso del PRI al poder federal, las políticas ciertamente más centralizadoras del gobierno peñista y las particularidades de sus formas de negociación y ejercicio del poder las cuales no se han caracterizado por transparentes, que con las evidencias rampantes de la corrupción pública veían una reinstalación del pasado, deben de reconocer la necesidad de analizar con mayor finura el cambio político irreversible del país.

En este sentido veo varios retos en el tema electoral para mi gremio, en miras a  explicar, dimensionar, y también criticar lo que está ocurriendo. Para lograrlo no sólo habría que abandonar falsas apreciaciones como las de una transición democrática fallida en México, de un futuro que no tuvimos, de una tragedia que persiste o de una modernidad fugitiva. Contamos con una normatividad que gradualmente hemos construido con la que las alternancias han llegado a casi todo nuestro territorio en distintos niveles, que ha desplazado a priistas, los ha también regresado al poder, y con la que también su oposición le ha vuelto una vez más a ganar. Así, hoy contamos con un sistema de partidos competitivo que ha ido evolucionando. Entender esta evolución es parte de nuestro reto, como lo es entender lo que de nuestro sistema no ha cambiado, por ejemplo la manera como los gobernantes de todos los colores siguen operando en tiempos electorales a favor de sus partidos, o los nuevos vicios tales como la inserción en política de grupos delictivos, en el marco de administraciones también de todos los colores que no ofrecen resultados.

El año pasado  destacaba claramente la votación del PRI en eminente descenso, pero todavía le alcanzó su política de alianzas y de fragmentación del voto para, pese al desprestigio del presidente Enrique Peña Nieto, contar con una composición de la Cámara de Diputados adecuada a sus intereses. Este año este voto descendiente en paralelo a gobiernos estatales impopulares, como se había experimentado en 2015 en Nuevo León, no le bastó para retener los ejecutivos estatales de Chihuahua, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz. En estos casos los electores votaron por castigar a gobernadores envueltos en escándalos, que anuncian delitos que se tienen que esclarecer. El mismo comportamiento pareció explicar hace un año el regreso del PRI en Sonora, y hoy en Oaxaca. Estos movimientos parecen obedecer más a elementos coyunturales apoyados en sistemas con partidos en la oposición con historia y estructura, sistemas que por si mismos explican en entidades con gobiernos bien evaluados otras derrotas del tricolor como la del año pasado en Querétaro y hoy en Aguascalientes y Durango. Finalmente los únicos partidos en gobiernos estatales que hoy se sostuvieron fueron el PAN en Puebla y el PRI en Tlaxcala, Zacatecas e Hidalgo. Me gustaría casi incluir aquí a Sinaloa porque su actual gobernador nunca dejó de ser su simpatizante.

[pullquote-left] “En cuanto a las elecciones legislativas y municipales que se llevaron a cabo en paralelo, destaca la disminución de diputados del PRI en  los congresos locales que quedarán constituidos y su nueva conformación mucho más plural, lo que es bueno porque el reparto del poder lo es siempre.” [/pullquote-left] En cuanto a las elecciones legislativas y municipales que se llevaron a cabo en paralelo, destaca la disminución de diputados del PRI en  los congresos locales que quedarán constituidos y su nueva conformación mucho más plural, lo que es bueno porque el reparto del poder lo es siempre. Por lo que toca a las capitales y algunas ciudades importantes en disputa, varias experimentarán también alternancias, con un balance igualmente negativo para los priistas. Las ciudades de Durango, Chetumal, Chihuahua y Pachuca pasarán del PRI al PAN, mientras la ciudad de Zacatecas del tricolor a Morena. En otros casos, como Ciudad Juárez, la ciudadanía eligió al independiente Armando Cabada, poniendo fin a 12 años continuos de gobiernos priistas. En Tijuana, una de las ciudades más pobladas del país, el PAN arrebató al PRI el control del municipio después de seis años. Además de Chetumal, en Quintana Roo la alianza PAN-PRD ganó al tricolor (como no pudo en Cancún) las alcaldías de Cozumel y Playa del Carmen. Por el contrario en otras capitales estatales en disputa, como Ciudad Victoria, Oaxaca y Culiacán, los ciudadanos refrendaron a los priistas al frente de los ayuntamientos. Además, la capital de Tlaxcala dejará de ser panista para volver a ser administrada por el PRI. Y en Tulancingo, la segunda ciudad más importante de Hidalgo después de la capital, el blanquiazul entregará el gobierno municipal al tricolor. Sin embargo, Mexicali y Aguascalientes ratificaron a las administraciones del blanquiazul. Por último Tamaulipas es uno de los estados que registra mayor alternancia en sus municipios: Matamoros pasará del PAN al PRI;  Ciudad Madero y Reynosa cambiarán de regidores priistas a panistas.

Otro tema que los investigadores deben abordar se centra en la incapacidad de predecir de nuestros trabajos, la cual en buena medida radica en el error de las encuestas prelectorales, cuyo mercado y metodologías deben ser revisados así como el de las encuestas de salida y los conteos rápidos. Los analistas pudimos predecir que sería un año difícil para el PRI, pero nunca la golpiza que le propinaron. Esperábamos que no lograría recuperar Puebla como fue, y que ganaría Hidalgo y Sinaloa. En el resto de las entidades preveíamos resultados cerrados, que no lo fueron sino en Aguascalientes, Durango, Tlaxcala y Veracruz. El margen de victoria del PRI en Zacatecas y Oaxaca no lo esperábamos, ni su amplia derrota en Chihuahua, Quintana Roo y Tamaulipas.

[pullquote-right] “Por qué la indecisión del ciudadano hasta el último momento? ¿Por qué esconde su voto? ¿Qué tanto y por qué diferencia su voto?” [/pullquote-right] ¿Por qué la indecisión del ciudadano hasta el último momento? ¿Por qué esconde su voto? ¿Qué tanto y por qué diferencia su voto? Éstas son ejemplos de las tantas preguntas que tenemos que responder en trabajos a profundidad los estudiosos en el tema electoral. Quizás la cuestión más interesante sea el abordar el si esta jornada conecta o no con lo que puede pasar en el 2018, en el entendido que el escenario ha cambiado para actores, partidos y aspirantes. En efecto es otro el lugar del PAN, como gran ganador inesperado de la jornada, y de Morena que demuestra su fuerza por encima del PRD. No es casual que, de frente a sus respectivos reveces, tanto el partido del sol azteca como el PRI hayan cambiado ya sus dirigencias.

Marcela Bravo Ahuja

Doctora en Ciencia Política. Profesora del Centro de Estudios Políticos (CEP) de la Facultad desde 1982. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Es comentarista de Radio Educación, en el noticiero Pulso y en la mesa semanal de debate Política en Plural. Desde abril del 2014 dirige la Revista Estudios Políticos del CEP.

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