Zona comercial de la FCPyS Conversación Con Arturo Chávez

Zona comercial de la FCPyS

Conversación Con Arturo Chávez​

Con el objetivo de reubicar en un lugar digno a los vendedores infor­ma­les, la actual administración de la fcpys inauguró una zona comercial que ha sido aplaudida por la comunidad.

Al respecto, Arturo Chávez, secretario general, explicó cómo fue este proceso de reinstalación, desde que se planeó, hasta su culminación.

—El problema de los ambulantes en la Facultad tenía por lo menos 20 años. Ellos llegaron aquí en el 86, pero eran pocos, unos ocho; no obstante, a partir del 99, dado el movimiento estudiantil, crecieron hasta llegar a 32, además ocuparon la explanada alta, que es un paso natural hacia los edificios “a”, “b”, “c” y “e”.

Desde entonces ya no hubo manera de cambiarlos, a pesar de que hubo por lo menos dos intentos en los noventa, con el director Juan Felipe Leal, quien construyó el “galerón” de la parte baja y que albergaba a seis de estos ocho iniciales comerciantes; y luego en el 94, cuando se edificaron módulos como los que ahora hicimos, de aquéllos sólo quedó lo que se conocía como “el kiosco”, que era el mejor delineado, los demás fueron derrumbados pues al ser autoconstrucción de los propios ambulantes, no cumplían las características de seguridad que exigía protección civil. Eso provocó que las negociaciones con los ambulantes fueran muy complicadas, porque estos dos esfuerzos habían sido un fracaso.

Aun con el “galerón”, no se impidió que otros ambulantes se pusieran en la ex­pla­na­da y esto les quitó clientela a los otros; los afectados decidieron entonces regresar a su antiguo sitio. Quedaron só­lo tres vendiendo en el lugar “oficial”, en cu­ya autoconstrucción se desperdició di­ne­ro invertido por los propios comerciantes que, en su momento, quedaron muy descontentos. Debido a esto hubo varias ad­mi­nis­tra­ciones que vieron imposible reu­bi­car­los.

El último director que se tomó en serio la reubicación fue el doctor Castañeda, quien hizo dos proyectos.

Cuando nosotros lo propusimos for­mal­men­te, fue rechazado por los am­bu­lan­tes. Esgrimían dos razones: una, no había claridad de quién pondría el di­ne­ro —pensaron que serían ellos—, y dos, unos estarían en la explanada baja y otros en donde está actualmente la zona comercial, lo que provocaría disparidad en la clientela.

Iniciar la negociación con ellos fue muy difícil, no nos creían. En una reunión colectiva con los comerciantes imperó la queja de que los engañábamos, decían que nunca los atendíamos, que de nuevo los haríamos perder el tiempo. Por tanto, cambiamos la estrategia y nos empezamos a reunir en lo individual con cada uno; les preguntamos qué pensaban, qué querían, y poco a poco suavizamos la relación. Una vez que aceptaron, acudimos a la Direc­ción General de Obras de la unam, nos atendieron y elaboraron el pro­yec­to arquitectónico.

Realizamos un diagnóstico de cada uno de los vendedores, no sólo sobre qué espacio ocupaban sino qué productos vendían; hi­ci­mos un censo, y eso permitió generar el actual di­se­ño.

El recurso económico necesario fue de más de nueve millones de pesos. El 70% fue apoyo de Rectoría y el otro provino de recursos extraordinarios de la Fa­cul­tad. Luego iniciamos una negociación con Patrimonio para regularizar, y después concretamos acuerdos con los ambulantes, que en general fueron de mo­do individual, no colectivo. Hubo casos en los que se resistieron, pero fueron los menos, pues la mayoría acordó. Las resistencias fueron por dos cosas, una porque pensaban que cambiarlos de espacio les quitaría clientela; dos, porque deben pagar una cuota de recuperación y antes no pagaban absolutamente nada. Sin embargo, poco a poco la mayoría se convenció.

¿Cuáles son las ventajas para la comunidad de esta reubicación?

Primero, las condiciones de trabajo. Algunos llevaban y traían sus cosas todos los días, pagaban taxis o coches par­ti­cu­la­res; transportar tablones, gas, comida, etc., es muy complicado. No tenían agua corriente, debían ir al baño a lavar utensi­lios; las condiciones eran “paupérri­mas”.

Segundo, mejoró la imagen del plantel y el estado de protección civil en la escuela, así como la movilidad, pero sobre todo, la higiene en el consumo de ali­men­tos. Tercero, se optimizaron las con­di­cio­nes para que profesores de más de 60 años pudieran transitar con mayor facilidad. Se lograron beneficios para todos, para estudiantes y profesores, pero en particular para los vendedores, por eso se convencieron y se apropiaron del proyecto.

También conseguimos algo no hecho en toda la unam con Patrimonio Uni­ver­si­ta­rio: no cobrar la cuota por tres años al instalarse, lo cual en algunos casos superaba los 200 mil pesos. Al final con los que tuvimos inconvenientes fue con los vendedores de libros, para quienes bus­ca­mos la alternativa de ponerles puestos, pues no podían pagar la renta de un lo­cal, pero tampoco los quisimos dejar fuera.

En lo que se refiere a la renta que pa­gan hay diferencias por el tamaño y el tipo de servicios. El costo más alto es de seis mil pesos al mes, hay de cuatro mil y de dos mil pesos. Los primeros tienen acce­so a gas, agua potable, alacenas; los otros a gas, agua y electricidad, y los otros solamente a agua y electricidad.

El cambio, en términos de imagen de la Facultad y de circulación, es abismal; la explanada se liberó literalmente. Hoy los mismos vendedores cuidan el espacio, y no se permite que otros ambulan­tes nuevos o viejos regresen a donde estaban.

La Facultad siempre asumió la responsabilidad fundamental del espacio; de hecho, así lo acordamos con Patrimonio, que por lo general es el que lleva la batuta. En este caso, la única ventanilla de los ambulantes es la Facultad, a través de la Secretaría Administrativa y la Secretaría General, lo cual permite una negociación distinta, pues si hay dos ventanillas se pervierte el asunto. El acuerdo con Patrimonio fue hacer todo legal, con contrato y trámites administrativos, pero toda la negociación y el control se lleva en el plantel.

Esta institución es la única responsable del espacio, tenemos un reglamento interno y la vía de resolución es la Facultad, no hay otra.

¿Qué representa la zona comercial para los estudiantes?

Los alumnos tienen un espacio digno pa­ra consumir alimentos y otros pro­duc­tos. Lo principal es que la calidad de la comida es mayor por el simple hecho de tener un refrigerador en el espacio. Co­mes­ti­bles que antes sólo se podían vender en una hora, hoy aguantan más, y es posible expender otras cosas, como helados y paletas.

Además de la instalación de los negocios, también se colocaron 49 mesas con sillas, a fin de que los jóvenes tengan espacio para consumir; esto, aunado a las mesas del jardín digital que coadyuvan a que los estudiantes se sienten en distintos lugares. Todo esto hace que el con­su­mo sea distinto en la zona comercial, donde cuidamos que el agua sea limpia, los productos no se echen a perder y que la venta sea ecológica, pues se prohíbe, mediante el reglamento, el unicel. Queremos que el servicio sea de mayor calidad

¿Hay posibilidad de que se incorporen otros comerciantes?

No, y esto lo dejamos claro. Lo que hicimos fue un proceso de regularización, no la creación de un centro comercial; los mismos comerciantes que estaban son los que están ahora; algunos sí pidieron cambio de giro y se les concedió, siempre y cuando éste no existiera, por ejemplo, alguien que vendía comida ahora tiene una papelería, que es muy útil, esto aumenta la oferta; había quienes se iban a las dos de la tarde y ahora tienen oportunidad de quedarse más tiempo. Todo es en beneficio de los estudiantes.

El comercio ambulante está tipificado como delito si no tienes autorización. Han llegado dos o tres personas a ponerse y los hemos desalojado inmediatamente en común acuerdo con los comerciantes y con la autoridad; de manera conjunta se realiza el desalojo. No permitiremos que nadie más, por lo menos en esta administración, se instale en la Facultad si no entró en este proceso.

Éste era un proyecto que aparecía a los ojos de la unam como imposible; decían que Políticas era el último reducto donde se podía ordenar algo; ahora que lo logramos están sorprendidos y han felicitado a la administración.

Después de esto, ¿qué hay en el horizonte de esta administración?

Lo que sigue es la biblioteca, ya tenemos el proyecto de cómo quedará, la renovaremos por completo. Éste es otro espacio que la gente considera que no se puede arreglar pero yo creo que sí.

Necesitamos que los estudiantes regresen a leer a este lugar, que sea un sitio que te invite a estar ahí, con libros actualizados, una computadora que te ayude a buscar un texto o se oriente a dónde recurrir si no lo tenemos. Buscamos algo distinto, acorde al nuevo tipo de recintos de esta naturaleza, y a su innovación conceptual. Queremos una biblioteca moderna y la tendremos.

Este proyecto requiere mucha voluntad, pero también capacidad de diálogo y búsqueda de entendimiento, yo creo que esto es posible. La Facultad tiene, actualmente, la madurez política para instrumentar, con base en argumentos y razones, cualquier empresa. Ésta es la enseñanza que nos deja la experiencia y el diálogo.

Por supuesto seguimos laborando en la iluminación del plantel, en que los trabajadores mantengan limpios salones y baños. Otra tarea a la que nos estamos avocando, es la colocación de cámaras de seguridad para la prevención de ilícitos en nuestras instalaciones y asegurar, de esta manera el bienestar de todos los integrantes de la comunidad.