“Excluidos entre los excluidos” Exclusión social, acumulación de desventajas y segregación territorial

 

Los niños de barro. XIII Brigada médico-educativa en Miguel Utrilla, Chiapas. Foto: Elli GaMo

[dropcap]E[/dropcap]l estudio de la pobreza se ha centrado tradicionalmente en las desigualdades económicas y en las personas o grupos con menor nivel de ingresos; sin embargo, en la actualidad se han presentado cambios sociales y culturales que trascienden las explicaciones puramente económicas y se relacionan con la acumulación de factores de desventaja que interactúan y se retroalimentan recíprocamente, favoreciendo complejos procesos de exclusión.

En palabras de Subirats (2004: 19):

La exclusión social se define entonces como una situación concreta fruto de un proceso dinámico de acumulación, superposición y/o combinación de diversos factores de desventaja o vulnerabilidad social que pueden afectar a personas o grupos, generando una situación de imposibilidad o dificultad intensa de acceder a los mecanismos de desarrollo personal, de inserción sociocomunitaria y a los sistemas preestablecidos de protección social.

En ese sentido, la exclusión social puede ser comprendida mediante el análisis de la acumulación y reproducción de desventajas sociales que se concentran en las personas más desfavorecidas e incrementan exponencialmente sus condiciones de vulnerabilidad.

Así, la articulación entre factores como la pobreza, el bajo nivel educativo, la carencia de mecanismos de reconocimiento público, la inserción precaria al mercado de trabajo y el debilitamiento de las redes familiares, comunitarias y sociales, multiplica las vulnerabilidades.

[pullquote-right] “Los procesos de exclusión se insertan en las trayectorias de vida y se vuelven comprensibles a la luz de las narraciones de los propios actores” [/pullquote-right] Por otro lado, los procesos de exclusión se insertan en las trayectorias de vida y se vuelven comprensibles a la luz de las narraciones de los propios actores sobre cómo las desventajas acumuladas afectan su presente y sus expectativas futuras, dando lugar a escenarios y vivencias de frustración, resentimiento y angustia (Mora y Oliveira, 2014; Saraví, 2008).

En consecuencia, las trayectorias vitales de las personas excluidas se ven atravesadas por privaciones materiales que se articulan con una serie de desventajas acumulativas que los vuelven excluidos entre los excluidos. Esto significa que dichos individuos viven procesos complejos de empobrecimiento y, al mismo tiempo, son excluidos de las estructuras de oportunidades y los activos que podrían ayudarles a superar la vulnerabilidad.

Otro aspecto de gran relevancia para comprender la exclusión social, mediante la acumulación de desventajas, es el territorio, particularmente en lo que se refiere a la disputa por el acceso a bienes y servicios sociales. En ese sentido, los barrios marginales latinoamericanos se ven afectados por la llamada pobreza urbana relativa que va más allá de la privación de ingresos (Ziccardi, 2009); y se relaciona directamente con las dificultades y obstáculos de las personas que habitan la periferia de las ciudades para tener acceso a bienes y servicios públicos (Mier y Terán et al, 2010).

A ese respecto, es conveniente señalar que la urbanización de la pobreza en algunos países de América Latina ha tenido como resultado la segregación territorial periférica en el centro de las ciudades, la acentuación de los mecanismos de exclusión entre los grupos sociales y la ausencia de lugares de encuentro y convivencia (Kaztman, 2003).

Asimismo, grandes sectores de la población que habitan dichos territorios se enfrentan a situaciones, geográficamente delimitadas, que limitan sus posibilidades profesionales, su movilidad ascendente, el acceso y la calidad de su educación y los recursos con que cuentan para plantear proyectos vitales en el mediano y largo plazo.

De tal manera que la ubicación y caracterización de zonas geográficas desaventajadas se relaciona con la distribución asimétrica de la infraestructura de servicios públicos, la ausencia de empleos, la presencia de diversos problemas sociales y ambientales, la distancia considerable respecto de los centros de mayor desarrollo, diversas dificultades de transporte público y movilidad; así como “un acceso desigual a la justicia” (Álvarez-Icaza, 2011; Negro, 2011:95).

Adicionalmente, las personas que padecen segregación residencial y exclusión social se enfrentan con problemas similares:

 

  • Fracaso escolar y desempleo.
  • Bajos niveles de escolaridad que los condenan a trabajos muy precarios, cuando los obtienen.
  • Discriminación racial, étnica y de clase.
  • Estigmatización residencial.
  • Presencia de armas de fuego y delincuencia.
  • Formación y operación de pandillas.
  • Presencia de grupos del crimen organizado, entre otros.

 

Pese a las particularidades locales, pueden identificarse patrones de segregación residencial que experimentan las grandes ciudades del mundo (Mier y Terán et al, 2010):

 

  • Patrones históricos de integración social de la ciudad que reflejan los procesos que se han desarrollado en relación con la regulación del uso del suelo, los impuestos inmobiliarios, la decisiones de las autoridades en relación con el desarrollo de asentamientos, la dotación de infraestructura y modalidades de construcción y adquisición de vivienda.

 

 

  • Crecimiento acelerado de población que responde a la modernización de la ciudad; la alta densidad urbana genera la expansión del transporte y las comunicaciones que facilitan la separación de los lugares de trabajo y de residencia.

 

 

  • Las disparidades económicas que evidencian cada vez más las desigualdades sociales y profundizan distancias físicas entre las clases.

 

Por otro lado, el confinamiento simbólico de ciertos territorios como “peligrosos” suele traer consigo un proceso de estigmatización y criminalización de sus habitantes, el abandono institucional mediante la difusión de señalamientos discriminatorios (“barrio delincuencial” o “colonia peligrosa”, por ejemplo), una lógica de seguridad puramente represiva y el control territorial por parte de grupos criminales o pandillas –frente a la erosión institucional (Wacquant, 2010).

Por último, la segregación urbana tiene efectos multiplicadores, ya que concentra la acumulación de desventajas en un espacio delimitado (Rodríguez, 2001) y se entrecruza con aspectos como la escasa intervención estatal, el debilitamiento de los lazos comunitarios, la ruptura de las redes de apoyo e intercambio y el abandono de estrategias de economía solidaria (Sahlins, 1983).

[pullquote-left] “Que cada quien se rasque con sus propias uñas”. [/pullquote-left] Como consecuencia de lo anteriormente expuesto, al interior de las comunidades más desfavorecidas se han endurecido los procesos de fragmentación y aislamiento social (Saraví, 2004) dando lugar a una ruptura gradual de los vínculos de solidaridad y las redes de intercambio recíproco que garantizaban la supervivencia de los marginados (Lomnitz, 1975), y propiciando que las personas y familias se vuelvan cada vez más dependientes de sí mismas, en la lógica “que cada quien se rasque con sus propias uñas”.

 

Bibliografía:
    • Álvarez-Icaza, E. (2011). “Discriminación y exclusión” en OEA. Desigualdad e inclusión en las Américas, trece ensayos. OEA/Ser.D/XV.10.
    • Bourgois, P. (2010). En busca de respeto: vendiendo crack en Harlem. Siglo XXI, Madrid.
    • Kaztman, R.  (2001). “Seducidos y abandonados: el aislamiento social de los pobres urbanos” en  Revista de la CEPAL nº. 75, Santiago de Chile, pp. 171-189.

 

  • Lomnitz, L.A. (1975). Cómo sobreviven los marginados. México, Siglo XXI Editores.

 

  • Mier y Terán, A; Vázquez, I; Ziccardi, A. (2012). “Pobreza urbana, segregación residencial y mejoramiento del espacio público en la Ciudad de México” en Sociologias vol.14 no.30 Porto Alegre May/Aug.
  • Mora, M. y De Oliveira, O. (2014). “Los caminos de la vida: acumulación, reproducción o superación de las desventajas sociales en México” en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales. Vol 59, No 220.
  • Negro, D. (2011). “Pobreza, desigualdad, sectores vulnerables y acceso a la  Justicia” en OEA. Desigualdad e inclusión en las Américas, trece ensayos. OEA/Ser.D/XV.10.
  • Saraví, G. (2008). “Mundos aislados: segregación urbana y desigualdad en la ciudad de México” en  EURE, XXXIV (103).
  • Subirats, J. (2004). Pobreza y exclusión social: un análisis de la realidad española y europea. Colección Estudios Sociales, núm. 16. Fundación “la Caixa”.
  • Wacquant, L. (2010), Las dos caras de un gueto, siglo XXI editores.
  • Ziccardi, A. (2009) “Ciudades latinoamericanas: procesos de marginalidad y de exclusión social” en Cordera, R.; Ramírez, P. y Ziccardi, A. (coord.). Pobreza, desigualdad y exclusión social en la ciudad del siglo XXI. México: IISUNAM, Editorial Siglo XXI, Seminario Universitario “La Cuestión Social”, 2009b, pp. 73-91.

Christian Ascencio

Profesor en el Centro de Estudios Sociológicos de la Facultad y en el Programa Único de Especializaciones de la División de Estudios de Posgrado

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