Florence Cassez y el sueño de la justicia mexicana, desde la mirada de Volpi

Presentación del libro: Una novela criminal. Fotografía: Ricardo López| Gaceta Políticas

Son las 6:37 a.m. del 9 de diciembre de 2005. Televisa y TV Azteca transmiten, por aproximadamente 2 horas y media, lo que fácilmente pudo haberse sacado de una película de Hollywood. Es una redada en vivo de la AFI al Rancho Las Chinitas, al sur de la Ciudad de México, donde capturan a miembros del grupo de secuestradores Los Zodiacos. Salen a cuadro dos personas: Israel Vallarta y una francesa: Florence Cassez.

Jorge Volpi visitó la Facultad para presentarnos su nuevo libro: Una novela criminal. Es un extenso trabajo periodístico y literario del caso. Recopila versiones, analiza los famosos expedientes, entrevista a víctimas y victimarios. Y, como era de esperarse, queda perplejo ante sus descubrimientos. Él mismo reflexiona: “No es una novela basada en los hechos, porque los hechos quién sabe cuáles sean”.

Fue una puesta en escena…

La captura de Florence Cassez e Israel Vallarta (disponible, por cierto, en YouTube) no tardó en levantar sospechas. A ellos los habían arrestado antes. Los usaron. Lo que parecería ser una redada, un duro golpe al crimen organizado, pronto se convirtió en un circo mediático, en una simulación barata con fines políticos. Toda la captura, de inicio a fin, fue una farsa, y muchos lo sabían.

“Un golpe al crimen organizado”

Cuando se avecinaba la tormenta diplomática, Calderón, intentando ser firme en su percepción contra el crimen, e intentando salvaguardar la credibilidad del infame García Luna, se atrevió a llevar a los extremos el caso: se dijo que Cassez no era miembro de Los Zodiacos, sino su líder. En su búsqueda por garantizar su imagen de héroe, Calderón permitió el encarcelamiento de hermanos de Vallarta, de quienes Volpi está convencido de su inocencia: “Vemos cómo una decisión de Estado destruye a una familia entera”.

La salvación de Cassez fue ser francesa…

Las consecuencias del show del Estado no serían mínimas. Sarkozy, con un espíritu francés patriótico, sometería a una fuerte presión al gobierno de Calderón. El caso generaría fuertes fricciones en la relación México-Francia. Se argumentaba, con justa razón, que había un exceso de inconsistencias en el caso y se solicitaba inmediatamente la liberación y traslado a Francia de Cassez. Después de años en prisión mexicana, Florence hoy se encuentra en su país. Israel Vallarta sigue en prisión; sigue esperando, hasta la fecha, una sentencia. Han pasado, desde aquel día, más de 12 años.

¿Y la justicia?

¿Son culpables Florence e Israel? ¿Cómo saberlo? En México, la verdad es un sueño, y, por tanto, también lo es la justicia. Es irrelevante si son culpables o no, porque no hay forma de comprobarlo. Es decir: si ellos fueron secuestradores o no, no importa, porque quien emite los juicios no tienen ningún tipo de credibilidad. Ni la AFI entonces, ni la PGR ahora. Los casos son incontables, pero el más reciente, más brutal y más notorio es Ayotzinapa. La verdad histórica se desmoronó. Cuando te remites a las instituciones para determinar un veredicto esperas que sean confiables. Pero, cuando no lo son, vamos con una venda en los ojos, buscando justicia eternamente. Como dice Jorge Volpi, así como el propio Vallarta en su momento: “Lo terrible del caso es que no es el único”.

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