Interseccionalidad: herramienta de análisis para estudiar el racismo

La investigadora del IIS, Natividad Gutiérrez nos propone una herramienta para conocer los vectores de la discriminación. Ilustración: Ángela Alemán

[dropcap]E[/dropcap]l siglo XXI inició con promesas de reconocimiento para aquellos que no han tenido voz y, que han vivido al margen de las decisiones, los beneficios, las oportunidades y los privilegios. Para concretar estas promesas, me parece que el estudio académico del racismo ha contribuido a visibilizar este sufrimiento que afecta a millones de mujeres y hombres. Éstas además, sufren más, pues el racismo se hace presente en contextos específicos, como la violencia obstétrica en las madres indígenas y la trata de jóvenes y niñas indígenas. Por supuesto que cuando hablamos de abundar en su estudio no estamos pensando en argumentos pseudo científicos de las ciencias naturales para justificar la inferiorización del otro. Un abordaje académico y multidisciplinario abarca los estudios subalternos, el posmodernismo, las políticas multiculturales, los feminismos críticos  y la interseccionalidad. Sobre este último enfoque y herramienta de análisis es que dedicaré estas reflexiones que están vinculadas a un proyecto de investigación en curso y que dirijo en el Instituto de Investigaciones Sociales: “Jóvenes con identidades múltiples en dinámicas metropolitanas” (CONACYT Fronteras de la Ciencia).

En este siglo, entonces, estamos avanzando en aprender a conocernos más, de manera que se abren otras posibilidades para interrogar con mayor riqueza y profundidad los fenómenos sociales, los sujetos, la complejidad de las relaciones sociales. El postmodernismo, y de éste los estudios subalternos y el feminismo, han sido referentes fundacionales para demoler las metas narrativas, las historias oficiales, las verdades universales, los fundamentalismos con sus doctrinas e ideologías; por ello ha venido cayendo lentamente el pesado ropaje ideológico que encubría al hombre, pero no a cualquiera, sino al blanco, al educado, al cristiano, al de clase alta, como la única fuente de conocimiento y autoridad en todas las ciencias, la jurisprudencia, el arte, la religión, por mencionar algunos ámbitos de su larga influencia.

[pullquote-left] “[…]la ignorancia es un buen caldo para cultivar expresiones de discriminación, menosprecio, hostilidad o temor” [/pullquote-left] Un ambiente académico e intelectual propicio ha sido favorable para hablar con más soltura del racismo y para perfilar investigaciones de más calado e impacto. Los resultados han sido muy beneficiosos, pues ahora hay encuestas que miden cuantitativamente el tamaño del racismo en nuestra sociedad (Consejo Nacional para la Prevención de la Discriminación CONAPRED), redes de investigación (Red Integra, Project on Ethnicity and Race in Latin America  PERLA), especialistas mexicanos (Carlos Beltrán, Olivia Gall, Eugenia Iturriaga, Federico Navarrete, Citlalli Quecha) y una bibliografía que va en aumento. En todas esas encuestas y estudios es predominante encontrar que el racismo es particularmente ejercido hacia los pueblos indígenas; una reciente sobre las percepciones de los mexicanos hacia los indígenas reveló que 7 de cada 10 mexicanos no sabe, o casi no sabe algo, sobre los indígenas (Gutiérrez Chong, 2014). Es decir, el mexicano promedio es poseedor de una gran ignorancia sobre ellos. Y, precisamente, la ignorancia es un buen caldo para cultivar expresiones de discriminación, menosprecio, hostilidad o temor y, que resultan en actitudes estereotípicas como burlas, ridiculizaciones, agresiones físicas, insultos y más abusos e injusticias. Pero el racismo es el cemento para reproducir una estructura económica que impide o retarda la movilidad social y, con ello, las oportunidades para superar la pobreza y la marginación. ¿Por qué será que la gran mayoría de los indígenas son pobres? Y ¿será que la piel blanca ayuda a un ser humano a tener más éxito laboral y emocional?

En tanto que me interesa contribuir al estudio del racismo, considero que hay que perfilar esfuerzos para hacer propuestas metodológicas que contribuyan a conocer mejor el problema. Por ello, para conocer la discriminación hay que estudiar al que discrimina, o, dicho de otra forma, para desmantelar el racismo, hay que conocer las oportunidades y privilegios de los que ha gozado el racista y que no está dispuesto a ceder o a compartir.  Ahora bien, para discriminar y excluir hace falta que algo sea diferente o desvalorado, de ahí que la identidad entre a jugar en el análisis. Simplemente: soy excluida porque soy diferente. Entonces las diferencias importan y mucho. Y no olvidemos que las diferencias son construcciones sociales para incluir o excluir. [pullquote-right] “Las diferencias son construcciones sociales para incluir o excluir.” [/pullquote-right]

La interseccionalidad es un concepto y herramienta de análisis conocido desde 1987. Es la herramienta principal, insistimos, para encontrar las diferencias y, cómo éstas  están construidas por divisiones sociales. Esto nos lleva a conocer cuáles son las divisiones sociales que son necesarias para otorgar o no privilegios y oportunidades, que son sólo para unos y para otros no. Así, la interseccionalidad se refiere a las múltiples divisiones sociales, o vectores; los más sobresalientes son: el género, la clase, la raza, la etnicidad, la sexualidad. El análisis interseccional debe tomar en cuenta la especificidad de cada división. Ejemplo: no se puede abordar el caso de las mujeres indígenas pobres con el análisis de las mujeres negras de clase trabajadora. El análisis interseccional contribuye al estudio de las divisiones sociales, pero atendiendo a las formas específicas de discriminación y de dominación. Hago énfasis en el adjetivo específico porque la socióloga británica feminista, Nira Yuval Davis (2006), pionera en el estudio teórico y empírico del concepto, recuerda con frecuencia que se debe investigar cada división social. Si bien estamos familiarizados con las triadas: mujer indígena pobre, o mujer blanca rica, debemos mantener en alto el principio de que la triada no es una cadena adherente, sino es revisar cuidadosamente cada división, cuáles son sus causas –efectos, porque cada división es autónoma pero relacional. La clase es autónoma de la raza y la etnicidad, pero están vinculas y hasta son causa y efecto. Las divisiones sociales no están en aislamiento, su interacción provoca diferentes desigualdades, múltiples opresiones. Los vectores raza, etnia, clase, género, sexualidad, edad, salud, deben ser observados y detectar cómo afectan o influyen en conductas sociales, en la distribución de recursos, el acceso al poder, el prestigio, o en la movilidad social.

Hacer visible las múltiples opresiones creadas por divisiones sociales que han arrojado al fondo a grupos específicos por género, sexo, raza, etnicidad, con esta lente múltiple, puede construir los pisos necesarios que aseguren retribución, distribución y reconocimiento a la manera de Nancy Fraser (1995); ello para forjar sociedades más equitativas, igualitarias y respetuosas de la pluralidad y diversidad de maneras de ser.

La originalidad y relevancia científica del proyecto que enunciamos al principio radica en hacer una aplicación precisa del enfoque de interseccionalidad en un grupo poblacional con características específicas como son los jóvenes. Se trata de estudiar a fondo la conformación de sus identidades actuales en la Ciudad de México y su Zona Metropolitana. Se realizarán diagnósticos socioterritoriales comparables; la población objetivo que será analizada se obtendrá por medio de muestreo censal y se aplicarán técnicas de investigación para levantar datos cualitativos y cuantitativos.

Hay una vasta literatura sobre desigualdad e identidad, así también sobre jóvenes y urbanización. Por lo tanto, nuestra propuesta busca aplicar de forma innovadora el enfoque interseccional para abundar en los contextos que generan desigualdad entre jóvenes, poniendo énfasis en la articulación de identidades diversas. Esto permitirá incluir en el análisis a un segmento de jóvenes de posiciones socioeconómicas medias y altas para comprobar que las diferencias culturales y raciales, desde este ángulo, también son determinantes. Con ello daremos un giro a las teorizaciones que ubican los vectores étnicos y raciales en minorías, ya que también las mayorías tienen etnicidad y no son ajenas a las diferencias raciales que operan en la desigualdad; de ahí que el racismo siga teniendo tanta vigencia. También se abrirá un nuevo debate en torno a la flexibilidad de las identidades genéricas al preguntarnos, por ejemplo, ¿los indígenas tienen identidad nacional y los estudiantes de clase media poseen identidad étnica? Estudiar el comportamiento del segmento de jóvenes que es privilegiado y que hace contraste con quienes no lo son, será un aporte al conocimiento. La propuesta identifica a una sección de jóvenes que no ha recibido atención desde la investigación académica: aquéllos que se encuentran en un “limbo social”, como lo han definido algunos jóvenes que participan en la formulación de este proyecto, pues se trata de un sector que debido a su continuo tránsito a la ciudad de México presenta características y situaciones específicas.

Nos interesa ubicar una muestra de la juventud con identidades diversas en torno a factores decisivos de la zona metropolitana y que están provocando alteraciones e impactos de distinta intensidad, por ejemplo, la construcción del megaproyecto del nuevo aeropuerto, la reproducción de la fuerza laboral de jóvenes migrantes indígenas en las zonas de abastecimiento de alimentos, o bien, las expectativas laborales y educativas de jóvenes con posiciones socioeconómicas altas. Los jóvenes con pertenencia étnica son de nuestro mayor interés, toda vez que hay conocimiento insuficiente sobre sus trayectorias en la Ciudad de México. Pero también queremos hacer completa una muestra de las juventudes diversas, incorporando a los jóvenes de clase media y media alta y sus marcadores sociales, esto es, si una mujer indígena joven, por su posición económica baja, su pertenencia indígena y su fenotipo (clase, etnia, género, raza y edad) es colocada en una condición de vulnerabilidad, qué ocurre con una mujer joven de origen caucásico. De ahí que busquemos entender las lógicas excluyentes e incluyentes desde la interseccionalidad. El proyecto enfrenta una revisión metodológica que someterá a la interseccionalidad a más interrogantes, ya que el sismo del 19 de septiembre de 2017 fue la coyuntura que impulsó el surgimiento de un liderazgo de jóvenes y la oportunidad para observar y estudiar el acercamiento de jóvenes con identidades múltiples en contextos de emergencia .

El proyecto buscará demostrar que la raza y la etnicidad no reconocidas en las mayorías  permite que el racismo siga operando; estará respaldado en la tecnología digital. Toda la información recabada será debidamente programada en un archivo digital interactivo en línea, lo cual nos ayudará  a realizar investigaciones comparativas y tener un mejor acceso y manejo de la información.

 

Referencias

Fraser, Nancy. “From Redistribution to Recognition? Dilemmas of Justice in a ‘Post-Socialist’ Age” New Left Review I/212, July-August, 1995.

Gutiérrez Chong, Natividad, “¿Es una ventaja ser indígena en México en el siglo XXI?” Ser Indígena en México. Raíces y Derechos, Gutiérrez N y Valdés L., Los mexicanos vistos por sí mismos. Los grandes temas nacionales, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM.

Yuval Davis, Nira. “Intersectionality and Feminist Politics”, European Journal of Women’s Studies Volume: 13 issue: 3, page(s): 193-209, 2006.

Natividad Gutiérrez Chong

Investigadora Titular del Instituto de Investigaciones Sociales.

 

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