Juntos Haremos Historia: la refundación ética y moral de la política

Benjamín Arditti nos habla del triunfo de Andrés Manuel López Obrador y de las oportunidades de la nueva administración para refundar la política con nuevas estrategias. Foto: Proceso

Empecemos con lo más evidente: Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones presidenciales con 53% del voto popular. Esto le da la legitimidad de origen más alta que haya tenido un mandatario en la historia del México moderno. Lo consiguió a la manera tradicional, recorriendo el país una y otra vez y conectando personalmente con los ciudadanos. Su popularidad funcionó como viento de cola para darle la mayoría absoluta a la coalición Juntos Haremos Historia: más de 300 de los 500 diputados y casi 70 de los 128 senadores. Morena es el nuevo partido hegemónico. Todos los demás perdieron de manera espectacular. El PAN mantiene su segundo puesto, pero más modesto que en los últimos tres sexenios, pues se queda con 92 diputados y 23 senadores. El PRI y el PRD se convierten en mini partidos; el primero pasa de 206 a 45 diputados y apenas 13 senadores (más los de sus partidos satélite), mientras que el PRD, con menos del 6% del voto, se queda con 19 diputados, 8 senadores y 6 de los 66 legisladores de su viejo bastión en el Congreso de la CDMX.

El éxito de AMLO se debe a su tenacidad y capacidad de comunicación con la gente común, pero también a que identificó muy bien los clivajes principales en la sociedad mexicana actual: el hartazgo con la corrupción e impunidad de las autoridades, la omnipresencia del sentimiento de inseguridad y la sordera del gobierno ante la desigualdad. En 2018 la gente ya no quería más de lo mismo; el PAN y su aliado, el PRD, eran básicamente la continuidad del PRI con otro nombre.

Pero hay que precisar un poco esta idea de ruptura. Lo que estaba en juego no era sólo la alternancia de los partidos en el gobierno: el modelo para entender el 2018 se encuentra en las elecciones de 1988, no las de 2000. Tal como la posibilidad de la victoria de Cuauhtémoc Cárdenas había generado una esperanza desbordante entre la gente, los mítines de AMLO eran el acto de un entusiasmo por algo distinto por venir. Además, la comentocracia se equivocaba al centrar la discusión en si AMLO era populista, si era realmente de izquierda, si su tenacidad era señal de un mesianismo autoritario, si entendía las vicisitudes de una economía moderna o si era apenas un priista de los de antes, del giro neoliberal del partido. Para los electores todo esto era irrelevante. Lo que les importaba era si había alguien dispuesto a hacer algo acerca de la violencia, la impunidad de funcionarios ladrones o el exceso de prestaciones de los altos funcionarios que predicaban austeridad en el gasto social. Massimo Modonesi le da en el blanco cuando dice que el secreto de AMLO estuvo siempre a la vista de cualquiera que quisiera verlo: vivía de manera austera y proponía la moralización de la política y la refundación ética del Estado (https://desinformemonos.org/alcance-historico-la-eleccion-amlo/).

Los desafíos son enormes. AMLO asumirá la presidencia de un país que, si no es un Estado fallido, vive una situación de emergencia propia de un Estado en proceso de descomposición. Luego de 12 años de la guerra contra el narco tenemos 230,000 muertos y al narco firmemente anclado en la vida política de municipios y estados. En la campaña electoral de 2018 fueron asesinados más de 100 políticos y candidatos. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) de 2018, el 76.8% de los mexicanos cree que vivir en sus ciudades es peligroso. En la CDMX esa percepción es del 96.7%. El salario mínimo de 88.36 pesos diarios (4.7 U$) está por debajo de lo que cuesta la canasta básica (94 pesos), lo cual hace que la economía del país sea competitiva a costa de la miseria de sus trabajadoras. Según la CEPAL, el 10% de las familias mexicanas controla el 80% de los ingresos financieros, y la proporción del ingreso de las más ricas y más pobres es de 21 a 1. El Estado es grande y débil, la burocracia excesiva e ineficiente, y a menudo la calidad de los servicios públicos es risible. Quienes tienen cobertura en salud o vivienda deben invertir una cantidad extraordinaria de tiempo en trámites para hacer uso de sus prestaciones.

Es preocupante que entre los nuevos funcionarios y candidatos electos se hayan colado oportunistas del PRI, el PAN y el PRD. Son como pasajeros del Titanic que ven el iceberg del 1 de julio y se suben a los botes salvavidas de Morena unos instantes antes de que la nave choque contra él. Esto es difícil de aceptar para la gente que escuchó a AMLO decir que no nos va a defraudar. ¿Se puede comenzar un proyecto diferente si hay personajes cuestionables entre los que lo impulsan? Me parece que sí. No hay cambio sin residuos. Lo nuevo nace siempre con huellas de lo viejo incrustadas en él. Ocurrió en el tránsito del parlamentarismo elitista y antidemocrático a las democracias de masa que comenzaron a surgir en Europa en la segunda mitad del siglo XIX, y en el paso del autoritarismo a la democracia en Europa del Sur y América Latina en la segunda mitad del siglo XX. Si en vez de una referencia histórica damos una mirada a la coyuntura de los partidos mexicanos, nos daremos cuenta de que el peso muerto de una organización es siempre relativo al de las demás. Juntos Haremos Historia tiene sus personajes indeseables, pero en las alternativas parece que eso es lo que predomina. Además, mucho depende de lo que hagamos nosotros (más sobre esto al final del artículo).

Resulta más auspicioso que el presidente electo se haya rodeado de mucha gente que comparte su visión de un gobierno austero preocupado por el bienestar de los más pobres. En su primer discurso poselectoral AMLO dijo que quería ser recordado como un buen presidente. La frase es importante. Quiere ser recordadoporque le interesa la trascendencia más que la riqueza o el poder. Y quiere ser recordado como un buenpresidente, un adjetivo que resalta, una vez más, la discontinuidad entre su proyecto y el de tantos otros mandatarios mexicanos. Esperemos que eso curra. Su trato sencillo con la gente abre un interludio popular en la tradición cortesana del presidencialismo mexicano.

AMLO se merece un periodo de gracia que algunos no le han concedido. Como regla de dedo podemos agrupar a los críticos en dos grupos, los de los ilustrados y los agoreros. Ambos comparten algunos rasgos entre sí. Los ilustrados piensan la política más como actividad de salón que como mezcla de barricada y tarea de Sísifo. Roger Bartra, uno de los intelectuales más lúcidos de México, es un ejemplo de éstos. En una entrevista para el periódico El País, en diciembre de 2017, vaticinó que AMLO “es el último exponente de una ola populista en América Latina, pero no creo que tenga posibilidad de ganar”(https://elpais.com/internacional/2017/11/07/mexico/1510095586_738424.html). Un mes antes de los comicios agregó en una entrevista en Milenio Diario: “Si el 1 de julio gana el populismo, me imagino un futuro convulso… Muchas confrontaciones y poco desarrollo. Mucha tontería derramándose desde las instancias de gobierno e invadiendo los poros de la sociedad civil. Un autoritarismo marchito pero agresivo contra las libertades… Pero si dejo a un lado el pesimismo, me gustaría imaginar que ganan la sensatez, la inteligencia y la opción más moderna.” Para Bartra, ex militante del Partido Comunista Mexicano y autor del Breve diccionario de sociología marxista, la opción moderna e inteligente era la del abanderado del PAN: “Ricardo Anaya, el candidato más inteligente, se ha corrido hacia el centro del espectro político, se ha aliado a sectores de izquierda reformista y representa a una derecha moderna liberal” (http://www.milenio.com/cultura/laberinto/roger-bartra-la-izquierda-mira-hacia-atras).

Por su parte, los críticos agoreros han pululado a partir de la tarde del 2 de julio. Se encuentran en la comentocracia de los medios de comunicación y las redes sociales. Comparten con los ilustrados su antipatía por AMLO, pero generalmente con una utilería que se pretende racional. Dicen que las propuestas de AMLO son loables, pero inalcanzables (como Macario Schettino, Pablo Hiriart y otros), o que su respuesta a problemas prácticos revela un carácter autoritario.

Carlos Loret de Mola es una muestra de esto. Toma un tema importante, el mecanismo de designación del Fiscal Anticorrupción, y dice que nombrar al Fiscal a través del Senado en vez de usar el mecanismo propuesto por organizaciones de la sociedad civil demuestra el autoritarismo de AMLO y será la kriptonita de su administración. Dice: “la ciudadanía que votó por él aún sabiendo de sus tendencias autoritarias no necesariamente va a estar dispuesta a avalar que ejerza un poder absoluto, sin contrapesos” (http://www.eluniversal.com.mx/columna/carlos-loret-de-mola/nacion/esta-puede-ser-la-kryptonita-de-super-amlo). ¿Undesacuerdo con organizaciones sociales o con alguna de sus propuestas implica autoritarismo? ¿Por qué no discute los pros y los contras de ambas opciones? ¿Loret de Mol­­­a defendió a las organizaciones sociales cuando éstas exigían el retorno con vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos por el narcoestado?

Otros han dicho cosas parecidas en redes sociales: ¿es correcto nombrar al fiscal a través del Senado, donde Juntos Haremos Historia es mayoría? La trampa de dicho razonamiento es que AMLO propuso este mecanismo cuando aún no sabía que iba a ganar las elecciones.

Tal vez debería haber advertido que al final agregaría un tercer grupo de críticos. Me refiero al de ciudadanos que quieren que le vaya bien al presidente electo, pero que no creen darle un cheque en blanco. Esa también es una acción de refundación moral de la política. Esta perspectiva la resume Stathis Kouvelakis, quien fuera diputado e integrante del Comité Central de Syriza, en Grecia. Para Kouvelakis, al convertirse en gobierno, Syriza se embarcaría en la política institucional, pero les recordaba a los ciudadanos que ellos debían presionarles desde las calles y las plazas para cumplir con sus promesas (https://conversations.e-flux.com/t/alain-badiou-and-stathis-kouvelakis-on-syriza-and-whether-a-radical-break-from-the-eurozone-is-possible/1339).

Tenemos una gran oportunidad para cambiar algo del desastre en el que nos encontramos. Hay que aprovecharla deseando lo mejor al nuevo gobierno y polemizando con quienes apuestan por su fracaso, pero también levantando la voz si vemos acciones y decisiones contrarias al espíritu de refundación ética y moral de la política.

 

Benjamín Arditi

Doctor en Teoría Política, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

 

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