La Historia, cuentos para la juventud

Reflexiones en torno a la historia. Fotografía: Eréndira Barrios| Gaceta Políticas

El “Érase una vez…” con el que empiezan los cuentos que leíamos de pequeños es para muchos el emocionante comienzo de una historia de príncipes, piratas, monstruos, u otra figura mágica. Forman parte del mundo de la fantasía que nos fascina, nos asombra y crea dentro de nosotros todo tipo de emociones, donde el correr de un ladrón nos invita a echarle porras al héroe y pensar: “corre, ¡alcánzalo!”

Este involucramiento que nos causa una buena historia, una novela, es aquello que cada vez más parece que los jóvenes dejan en el olvido. Al hablar De la importancia de Clío. Reflexiones en torno a la Historia, Adolfo Gilly hizo la invitación a recordar nuestra capacidad para sumergirnos en un buen relato y retomar la historia como una “novela verdadera”. Debemos pensar que la historia es como aquella buena película que hemos esperado ir a ver al cine, con un relato propio donde podemos usar nuestra imaginación mientras recorremos con los ojos las palabras en libros, y recrear escenas históricas en la mente. El ponente también recalcó la importancia de vivir la historia y pensar en cómo actúan los personajes, cómo es que se dieron las circunstancias que marcaron el derrotero de la humanidad y de ahí, comprender de qué nos sirve estarla estudiando.

La historia, dijo Gilly, no es el conjunto de políticas según las fechas en las que se aplicaron, sino debemos entender por qué sucedió de esa manera y qué pensaron los actores para decidir su curso de acción. Inclusive, hizo referencia a la serie de Netflix, El ministerio del tiempo, donde un grupo de gente se dedica a mantener la línea de sucesos históricos intacta. Muchos hemos pensado en qué hubiera pasado si la historia hubiera tomado otro rumbo, pero mediante su estudio podemos comprender que todo tuvo una razón de ser.

En su participación, titulada: “La historia y aquellas personas sin historia”, Edgar Urbina también reconoció la falta de interés de los estudiantes por la historia debido a que la consideran algo lejano, y  no relevante para su carrera. Urbina se concentró, sin embargo, en algo más próximo a los ciudadanos: los “sin historia”. Estos personajes no son conocidos, como Morelos o Hidalgo, nos dijo, a quienes constantemente consideramos héroes. No, los “sin historia” se pueden ver en los movimientos estudiantiles del 68, o en los cuadros con rostros irreconocibles. Son los grupos que marcan una disyunción con el orden, como en el caso de la revolución. Estos individuos, al igual que los nombres conocidos de la historia, forman parte de cambios en la sociedad, generando nuevas oportunidades y momentos históricos.

La reflexión de Edgar Sámano sobre la importancia de la historia en las ciencias sociales aludió a las relaciones entre sucesos y objetos que forman parte de la historia y no siempre podemos percatarnos de ellos. Apoyado de diapositivas, mostró al público un gran actor de la historia: la patata. La comemos en guisos, nos la encontramos en supermercados, ¿qué podría tener de especial? A través de un recorrido histórico, Sámano nos recuerda que algo tan común fue responsable de que dos millones de personas murieran por inanición en Irlanda en 1845.

A través de su discurso, nos recordó que la historia no está compuesta por hechos aislados, sino que existen líneas que conectan todos estos momentos. Sellados dichos instantes para siempre en la memoria de la humanidad, podemos entender que la historia no es única; es compleja y progresiva: algo que constantemente se está creando, sin fin.

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