La posverdad y nosotrxs

En este artículo, Lilia Aguilar Gil, Maestra en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard hace referencia al término “posverdad” como un fenómeno social y político. Ilustración: Ángela Alemán

“Cuantos más ojos, otros ojos, que saben cómo ejercer sobre uno y el mismo asunto, que será nuestro “concepto” de este asunto, nuestra “objetividad” será mucho más completa.”

Nietzsche

La genealogía de la moral (1887)

 

 

[dropcap]E[/dropcap]l Diccionario de Oxford catalogó posverdad como la palabra del año en 2016. De acuerdo con el propio Diccionario, se elige aquella palabra que se considere haya sido el término más utilizado y que mejor define las preocupaciones e intereses generales de los últimos meses.

El marco coyuntural que se consideró para elegir este concepto fueron la salida de Reino Unido de la Unión Europea (el Brexit) y las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Cuál es la característica entre estos dos procesos según el Diccionario: “un fenómeno que se produce cuando los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales”.

Dicho término no es nuevo, ni mucho menos el fenómeno al que se hace referencia. El novelista y dramaturgo Steve Tesich lo usó por primera vez en un artículo para la revista The Nation en 1992.  El marco en aquel entonces era la Guerra del Golfo y ya el escritor lamentaba que los estadounidenses “hubieran decidido libremente vivir en la posverdad”.

Vale la pena recordar que la “Guerra” del Golfo fue una batalla propagandística de los aliados, liderados por Estados Unidos, en donde se estructuraron algunas historias falsas para ensalzar la crueldad de Irak y lograr el apoyo civil a una Guerra en contra de un Ejército mal llamado, “el cuarto más poderoso”, el cual quedó casi eliminado en días debido a los ataques con los poderosos misiles de los aliados. El saldo de aquella guerra: 400 bajas del bando de los aliados, 100,000 muertos iraquíes.

Este fenómeno dado en la guerra del Golfo tampoco es nuevo, por eso creo que estamos ante un caso en el cual la novedad no es el fenómeno sino la palabra que se da para tratar de explicar o discutir sobre un tema.

Y esa explicación o sustento teórico no tardó mucho en llegar. The Post-Truth Era: Dishonesty and Deception in Contemporary Life, del sociólogo y ensayista Ralph Keyes, señala que: “la deshonestidad inspira más eufemismos que la cópula o la defecación, lo que ayuda a que nos insensibilice de sus implicaciones.

[pullquote-left] “En otro tiempo teníamos la verdad y las mentiras.  Ahora tenemos la verdad, mentiras y enunciados que pueden no ser verdad, pero que consideramos como demasiado inofensivos para llamarles falsos. El eufemismo abunda.” [/pullquote-left] “En otro tiempo teníamos la verdad y las mentiras.  Ahora tenemos la verdad, mentiras y enunciados que pueden no ser verdad, pero que consideramos como demasiado inofensivos para llamarles falsos. El eufemismo abunda. ‘Ahorramos’ la verdad, nosotros ‘la suavizamos’; nosotros preferimos las verdades mejoradas. En la post-verdad, las fronteras entre la verdad y la mentira, entre la honradez y la falta de honradez, la ficción y la no ficción se nublan”.

Lo que explica Keyes tiene que ver con una sociedad que sólo quiere saber y escuchar lo que piensa, dichos y palabras que confirmen lo que piensa y siente, no lo que es. Una sociedad que quizás sin saberlo es un caldo de cultivo para personajes que distorsionan, mienten (así, claramente dicho) para conseguir lo que buscan.

El término fue considerado palabra del año por el Diccionario de Oxford debido a la coyuntura actual, porque fue exitoso para definir, en una palabra, el fenómeno que estaba sucediendo. La salida del Reino Unido de la Unión Europea se decidió a través de un referéndum.

Lxs ciudadanxs serían los responsables de tal decisión. Sin embargo, ésta estuvo a merced de los intereses de grupos que con sus motivos y “razones” esgrimieron por meses en medios de comunicación y redes sociales, por qué sí y por qué no debía el país inglés abandonar la comunidad europea.

Los que decían NO, argumentaban que dicha decisión liberaría hasta 350 millones de libras esterlinas semanales para gastar en el sistema de salud pública (NHS). Apenas se votó, los mismos voceros de esta afirmación reconocieron que había sido un error dar esa cifra. Otro gran incentivo para salir fue la crisis de refugiados y migrantes en Europa pues se usaba como una amenaza ante la soberanía e identidad cultural, razón que muchos británicos estimaron como cierta.

Sin duda, tal como lo reconoce el Diccionario de Oxford, junto con el Brexit, las elecciones de los Estados Unidos, particularmente la campaña de Donald Trump, fue lo que detonó el uso de hasta un 2 mil por ciento de la palabra del año.

Este espacio no alcanzaría para señalar cada una de  las “posverdades” de Trump, y no sólo durante la campaña, sino ya hoy en su administración, pero sin duda vale la pena comentar algunas.

El resurgimiento de los nacionalismos mal entendidos, xenofobia semioculta que pretende culpar a los migrantes o refugiados y señalarlos como causantes de males como el desempleo o bajos niveles económicos, fue un argumento que apeló a las creencias y deseos de miles de estadounidenses que aplaudían a rabiar a Trump cuando éste señalaba que lxs mexicanxs, todxs, eran bad hombres, violadores, o cuando refería que todxs lxs musulmanes eran terroristas y por esto, a todxs ellxs, se les debía negar la entrada a Estados Unidos.

Pero sin duda, Make America great again, eslogan de campaña de Trump, es el mejor ejemplo de posverdad; baste recordar cuando Trump hablaba acerca de que las tasas de desempleo durante la administración Obama habían crecido exponencialmente, o que lxs migrantes le estaban quitando los empleos a lxs estadounidenses, o que el presidente Obama no era ciudadano norteamericano, o que el cambio climático no existe, todo ello sin ningún fundamento que lo sostuviera.

Trump les habló al oído a lxs votantes y una mayoría no solo lo escuchó, le creyó sin que aquel les demostrara si era cierto lo que decía. Al final, una creencia tan aspiracional como Make America great again fue suficiente.

Lo mismoles sucedió a los británicos, quienes quizás decidieron su futuro como nación con sus emociones, no a través del razonamiento. Depositaron con ello su responsabilidad de corroborar la información que recibían en la “buena voluntad” de grupos de interés que se mueven por todo, menos por buena voluntad.

Aquí la cuestión es si ellos son los grandes villanos de este tiempo, grupos de interés o políticos dispuestos a todo con tal de conseguir un fin. Para mí, la respuesta es no, porque hay una corresponsabilidad de lxs ciudadanxs, que no puede negarse ni justificarse.

“Todos somos víctimas de los sesgos cognitivos, que son interpretaciones erróneas e ilógicas de la información disponible. Más que errores, son atajos, son mecanismos que usamos en el día a día y que funcionan muy bien para tomar decisiones rápidas”, explica la catedrática de psicología de la Universidad de Deusto, Helena Matute.

“Preferimos que las noticias nos den la razón y en caso contrario ya nos encargamos de que los datos encajen en nuestros esquemas mentales. El concepto del razonamiento motivado señala que existen pruebas considerables de que es más probable que las personas lleguen a las conclusiones a las que desean llegar”, señala la psicóloga social Ziva Kunda.

Este marco de referencia explica la corresponsabilidad de la que hablé antes. Es decir, somos una sociedad expuesta a las mentiras, medias mentiras o medias verdades, posverdades, como le queramos llamar, pero también tenemos herramientas para desenmascararlas, y más hoy en día, donde la tecnología está al alcance de nuestras manos.

Sin embargo, también hay que decirlo, los expertos a los que la gente podría recurrir, muchas veces se convierten también en pregoneros de posverdades, reafirmando aún más lo que la ciudadanía quiere creer.

Después de la teorización de posverdad, diversos columnistas  han escrito sobre el tema (Rubén Amón y Arnoldo Kraus), quienes califican el término como orwelliano, representado casi siempre por gobiernos de corte dictatorial. Empero, la realidad nos dice que este fenómeno también es usado por aquellos que se consideran los paladines de la democracia en el mundo: Estados Unidos y la Gran Bretaña. Punto muy importante a considerar.

En Pos-verdad. La pornografía política (2016), Jorge Majfud señala: “la era de la Pos-verdad no es algo nuevo. Pero a lo largo del siglo XX la verdad debió ser ocultada al público para que fuese posible su manipulación. Lo que es nuevo es la voluntad de la población de ignorar los hechos una vez revelados, su complacencia y fidelidad con una mentira revelada.

Ya no existe la excusa de que no hay acceso a la información, que los crímenes de las potencias civilizadas y civilizadoras permanecen ocultos. No. Los documentos originales donde los mismos actores reconocen sus crímenes están al alcance de cualquiera. Pero no cualquiera está dispuesto a ir a las fuentes y a reconocer los hechos por encima de sus pasiones y frustraciones”.

Descrito así, tal parece que como sociedad hemos perdido el sentido y bien común y hemos dado preferencia a lo que queremos, deseamos o anhelamos, dando la espalda al contrato social que marcó un antes y un después en el mundo. Porque entonces es más importante creer que los migrantes, todxs, son bad hombres, y entonces, apoyado por la mayoría, cambiarle la vida a este sector de la población.

[pullquote-right] “Cegarnos ha sido una decisión, no una condición.” [/pullquote-right] Salir de esa “burbuja” de complacencia en la que vivimos, donde todo lo que decimos o creemos es ampliamente apoyado y nunca puesto en duda, es sin duda un reto. Las redes sociales y el internet a través de sus algoritmos nos van a llevar siempre a aquellos con los que coincidimos, nunca con los que nos pueden cuestionar. Nuestros “amigos” o followers muy seguramente piensan como nosotros. Cegarnos ha sido una decisión, no una condición.

Por eso quise iniciar este texto con una cita de Nietzsche, quien no hace más que señalar (magistralmente sin duda, y muy conveniente para lo que se ha señalado aquí) que la mejor forma de alcanzar o siquiera acercarse a la “objetividad”, es la exposición a muchas y diversas miradas.

La posverdad, más allá de ser la palabra del año, es un fenómeno que ya tiene más, mucho más de un año. Al escrutar la historia se encontrarán señales de su uso. Su agudeza en esta era tecnológica también proporciona medios que la limitan. Sin embargo, está en cada unx de nosotrxs usar esos medios y reconocerla o ceder a la merced de nuestrxs anhelos.

 

Bibliografía:

Matute Elena (2016). Tu voto no es tan racional como crees: así influyen los sesgos, publicado en El País, 21 de junio de 2016. https://verne.elpais.com/verne/2016/06/20/articulo/1466452416_511871.html

Majfud, Jorge (2016) Pos-verdad. La pornografía política, disponible en: https://majfud.org/tag/pos-verdad/

Kunda Ziva (2016). La posverdad está en tu cerebro, publicado en El País, 17 de diciembre de 2016, disponible en: https://elpais.com/elpais/2016/12/14/ciencia/1481728914_575054.html

Lilia Aguilar Gil

Maestra en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard y

Presidenta de LIBRE, A.C.

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