La superación del capitalismo de la barbarie: una entrevista a César Chimal

César Daniel Chimal, ganador del Premio Pensar a Contracorriente. Fotografía: Alan Márquez| Gaceta Políticas

El capitalismo lleva siglos expandiéndose, buscando terrenos no antes explorados/explotados, además de los que ya posee. La ciencia y tecnología están a su merced; le proveen de nuevas técnicas de búsqueda y extracción, de novedosos equipamientos bélicos para asegurar su existencia y de medios de propagación masiva. El nuevo mandamiento de Occidente se impone: amarás al Capital sobre todas las cosas; sobre los aires y océanos; sobre la flora y fauna; sobre tu prójimo y, naturalmente, sobre ti mismo.

“La humanidad se enfrenta a una catástrofe civilizatoria nunca antes vista en la historia moderna.” Es así como César Daniel Diego Chimal comienza su ensayo, La superación del capitalismo de la barbarie como condición para la vida, acreedor delPremio Pensar a Contracorriente en su XV edición. Me reuní con él para platicar de capitalismo, imperialismo, catástrofes climáticas, pero también de cambio, de otros mundos posibles.

En su ensayo toma el término “capitalismo de la barbarie” de Naomi Klein. César comenta que este sistema, con su incesante “ambición por acumulación frente a recursos finitos, pone en riesgo la capacidad de reproducción material de la vida humana en la Tierra”. Es lógico que llegará el día en el cual el planeta dé su último suspiro, en el que no haya más agua por tomar, ni aire por respirar; pero, hasta que ese día llegue, la maquinaria del capitalista explotará a diestra y siniestra.

Propone que no hablemos más de un cambio climático, ya que “es un término muy suave para describir la situación”, sino que, más bien, debemos hablar de un “Colapso Climático Antropogénico”, concepto que retoma del doctor Saxe Fernández. “ElColapso, aunque puede parecer una palabra con mucha carga ideológica, como de una situación mucho más drástica, es lo que está pasando, esa es la situación. Reducir la categoría, reducir la propia significación que tiene en ese sentido, de alguna forma limita incluso la propia acción que se puede tomar en contra de éste.”

César Daniel es egresado de Relaciones Internacionales por la Facultad. El aspirante a profesional investigador y docente, nos pide que no culpemos tan rápidamente a las sociedades en general sobre la problemática ambiental. Por ejemplo, se puede decir que los automóviles generan una gran cantidad de contaminantes, y que los propietarios son los culpables totales. Sin embargo, advierte que ante una mayor construcción de carreteras, lo necesario es comprar un coche para transportarse. Las sociedades son receptoras de políticas públicas, no promotoras. Es así, explica, como el Capital dicta las estructuras sociales. “No se trata de individualizar la culpa, pero sí de reflexionar sobre cómo responsabilizar nuestras vidas.”

Pero ¿quién está detrás del telón, si no somos todos culpables (al menos no en la misma medida)? Definitivamente, argumenta, las corporaciones energéticas. Específicamente, dice, son 90 corporaciones las responsables de la emisión de casi el 70% de gases de efecto invernadero (entre ellas Chevrón, Exxon Mobil, e incluso Pemex). Entonces, aunque sí se requiere de una concientización individual sobre la problemática, no basta, enfatiza, con acciones personales. Es necesario visibilizar quién mueve los hilos y, al hacerlo, destruye al planeta en el proceso.

Surge entonces la duda de si es posible resolver la situación bajo los mismos márgenes del capitalismo. Para César, la respuesta es un desafortunado pero rotundo no. No puede, argumenta, existir un “capitalismo verde”. Recordó el ejemplo que propone Slavoj Žižek, en el que habla de las técnicas propagandísticas de Starbucks, donde presumen que unos centavos van para niños de Guatemala, y otros centavos van para tal otra cosa humanitaria, etc., aparentando un capitalismo verde, amigable. Pero no: capitalismo es capitalismo, y con éste viene la sobreexplotación de recursos naturales y, claro, de seres humanos. Desprenderlo de su esencia desigual, bárbara, resulta imposible.

Pero, a pesar de todo, César sí distingue “otros mundos posibles”. Propone por el momento dos alternativas. La primera, que pareciera inicialmente más técnica, en realidad tiene un buen razonamiento detrás: el desarrollo de energías renovables, mesuradas, especialmente la energía solar, pero sólo en tanto se logre socializar esta energía, que no esté sujeta (como ya hay intentos preocupantes) a la privatización. La segunda implica un cambio estructural: racionalidad ecocéntrica, que implica dejar de pensar que la naturaleza es sólo un objeto por explotar, y así recuperar una relación sustentable, de respeto.

Viajó a La Habana para recibir el premio presentado en la Feria Internacional del Libro CUBA-2018. Le pedí su diagnóstico sobre la situación cubana, ante el coqueteo reciente entre éste y EUA, y a pesar de la nueva incertidumbre con la llegada de Trump. Comenta que, aunque es cierto que muchos residentes desean conocer más lugares y de que tienen demandas importantes, no se puede desestimar el espíritu revolucionario. Dice que se debe reconocer su temple ante la adversidad, su fuerte identidad nacional y su defensa ante los intereses imperialistas; a propósito de este último punto, advierte que el imperialismo debe tener “una concepción de vigencia en el pensamiento contemporáneo; las relaciones internacionales no son de globalización, de mayor cooperación o de amistad: son de imperialismo.”

Se despidió, pero no sin antes enfatizar la importancia de la docencia, de la investigación, de la interdisciplinariedad entre las ciencias, todas cualidades necesarias para la solución de los problemas actuales y futuros. Pretende (e invita a) nunca perder el vínculo social con la gente de carne y hueso, la que vive el día a día; perdería todo sentido si fuera de otra forma. Debemos recordar que la Universidad es precisamente eso: un Universo de ideas, de diálogo y de propuestas que confluyen.

Finalmente, rescato una frase suya, atrevida y poderosa, que evidencia las conclusiones tomadas del diagnóstico realizado en su ensayo; una frase que irrumpe entre las dinámicas depredadoras de producción; una frase polémica pero, evidentemente, bien fundamentada: “Si el capitalismo no va a caer, lo que hay que hacer es empujarlo”.

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