Acoso ¿Denuncia Legítima o Victimización?, de Marta Lamas (FCE, 2018)

Acoso ¿Denuncia Legítima o Victimización?, de Marta Lamas (FCE, 2018)

POR JESÚS ESTRADA

Antes de reseñar el libro de Marta Lamas vale la pena hacer dos aclaraciones. La primera: a pesar de lo que dicen sus críticos, en el texto no se defiende el acoso ni a los acosadores, ni minimiza el acoso como problema social y experiencia de opresión de miles de mujeres. A lo largo de su trabajo, la autora continuamente vuelve a las cifras y a la situación de terror que vivimos las mexicanas. Tampoco duda de las víctimas de violencia sexual, ni minimiza su dolor, ni las desconoce. Y por si queda duda: la obra no es una apología del patriarcado. El título, que se toma erróneamente como una postura política, es en realidad una síntesis de su contenido analítico, es decir, una crítica al discurso le ga­lis­ta que reduce el acoso a un delito y a su sujeto, a una víctima. Es, pues, una discusión epistemológica que al parecer ha tenido implicaciones políticas.

La segunda: el libro no es para todo mundo, en particular no será del agrado de ciertas posturas feministas que parten del supuesto axiomático de que quien simpatice con sus argumentos no confunde el feminismo radical con la androfobia, ni busca parapetarse en la entelequia del separatismo para buscar en cada expresión o instancia material del patriarcado —es decir los seres humanos varones— un potencial violador, acosador y maltratador. El argumento de Marta Lamas no es para quien piensa que es posible o deseable un mundo en el que las mujeres se bastan a sí mismas para construir vidas, amar y disfrutar de la sexualidad. Sus argumentos consideran e incluyen a los hombres, no busca erradicarlos de la discusión ni del mapa. Es mesurado, sí. Por eso su libro hacía falta.

Aclarados estos dos puntos, ahora sí hablemos de los argumentos de Lamas. Como dije, es una discusión teórica que hacía falta porque llama a cuestionar los discursos que hacen política, una política que es cada vez más fragmentada y excluyente porque reduce un problema social, cultural y político a la genitalia masculina, cuando también está en las instituciones y las relaciones de poder en la esfera pública.

Esta discusión teórica parte de un lugar preciso: el feminismo radical estadunidense, conocido también como feminismo de la dominación. Éste es un discurso marxista que históricamente se ha opuesto a los argumentos de igualdad formal del feminismo liberal. Sus principales exponentes, Marion MacKinnon y Andrea Dworkin, inventaron el eslogan que hasta hoy perdura por su potencial emancipatorio: “Lo personal es político”. Pero también estas teóricas eran abogadas y su discurso nació y evolucionó como un mensaje jurídico que se centró en penalizar la objetivación y violencia sexual contra las mujeres, configurando todo un fenómeno social, económico, cultural y político en categorías legales que reducen la opresión de las mujeres a lo sexual (acoso, pornografía y prostitución). No es que Lamas —y para el caso las teóricas estadunidenses en las que se apoya para elaborar su crítica— niegue la gravedad del acoso sexual, sino que nos recuerda que el sexual no es el único tipo de acoso: lo hay laboral, social, político. Un ejemplo muy concreto: las mujeres son acosadas en sus centros de trabajo para no buscar un ascenso y quedar subordinadas a sus superiores varones. Yo agregaría otro ejemplo muy frecuente en México: las mujeres que ganan puestos de elección popular y son acosadas para renunciar y dejar que asuman el puesto sus duplas varones. Eso es acoso y en México es recurrente.

Asimismo Lamas recalca que en la experiencia de muchas mujeres no todo el avance sexual de un hombre se percibe como violencia o es indeseado. Su argumento pone en la mesa lo que las feministas radicales se han negado a reconocer y discutir académicamente: el deseo y la sexualidad proactiva de las mujeres heterosexuales. Decir que cualquier avance sexual —entre pares, sin asimetrías de poder— es acoso, significa infantilizar, minimizar y despreciar la forma en que las mujeres heterosexuales negocian la seducción con los varones. Este argumento no es para desmentir a las víctimas de acoso, sino para poner en la mesa el hecho de que no todo acercamiento sexual es acoso, y que la subjetividad es importante, que el decir de las mujeres es fundamental para denunciarlo o para reivindicar su deseo aun cuando de él hayan obtenido un beneficio (como los casos de las actrices que se acuestan con productores). En ocasiones se hace pasar el juicio y conservadurismo moral por acoso. No es casual, ejemplifica Lamas, que en las campañas de las feministas de la dominación contra la pornografía y la prostitución en eu hayan encontrado un aliado en las sectas religiosas más conservadoras de ese país.

Ilustración: Estelí Meza (http://ilustracionesdeesteli.blogspot.com/)

Al feminismo de la dominación Lamas lo define como el que “sostiene que las mujeres son una clase oprimida, que la sexualidad es la causa de dicha opresión y que la dominación masculina descansa en el poder de los hombres para tratar a las mujeres como objetos sexuales” (pag. 27). Luego la autora espeta el punto que enciende las pasiones: “La influencia teórica, política y jurídica de esta autora (Catherine MacKinnon) ha sido inmensa, y ha ido potenciando un discurso mujerista y victimista respecto de la sexualidad, la violencia y la ley, en términos tales que definen a las mujeres víctimas de alguna agresión sexual como ‘sobrevivientes’” (pag. 27).

Lamas no se refiere por supuesto a las mujeres que han sido víctimas de violencia sexual, sino al concepto de “víctima” y la subjetividad que construye en las mujeres, es decir, una que es funcional al patriarcado. Es funcional porque hace creer a las mujeres que efectivamente nues­tra identidad frente a los varones (todos, siem­pre) es la de objeto sexual y que entonces la genitalia es lo más importante que tenemos, nos define. Así, no hay delito más grave para la mujer que ser “acosada”, aunque el acoso sea definido de esta forma criticable.

La visión de Lamas es similar al de la feminista (ex prostituta y víctima de violación) Virginie Despentes, quien en su libro, La teoría King Kong, narra cómo después de ser víctima de una agresión sexual sufrió el trauma hasta que leyó en otra feminista que la violación no la define porque su genitalia no es lo más importante que tiene, su sexo no es ella. El argumento de Lamas y Despentes es que el feminismo de la dominación coloca de forma irremediable y permanente a las mujeres en una condición de víc­ti­ma —que es independiente a que en efecto hayan sido víctimas de violación. No es la experiencia sino la categoría jurídico-política y social de la víctima lo que critica. Lamas ejemplifica las distintas for­mas en que el acoso se ha tratado en el feminismo estadunidense y el francés a través de las campañas de #MeToo, y llama a no apropiarnos en México de este discurso legalista que tiene eco en la idiosincracia po­lí­ti­ca de Estados Unidos pero no en la nuestra.

Para finalizar, habrá que reconocer, sin embargo, que aunque el argumento de la victimización es contundente, Lamas se sobrelimita al hablar de actitudes “mujeristas” de algunas mujeres que asumen acrítica y permanentemente la identidad de víctimas. En mi opinión, mien­tras es importante señalar que la vic­ti­mi­za­ción que produce el discurso jurídico es lamentable, calificar de “mujeristas” a quienes asumen esta subjetividad no construye ni abona a una política más incluyente, e incluso da argumentos y con­cep­tos para los varones que descontextualizan cualquier postura moderada de las feministas para sus propios intereses. Mientras que teórica y analíticamente el libro es brillante, este exceso representa un error político, y no olvidemos que el feminismo siempre es altamente político.