Lorenzo Meyer: desencanto y desconfianza rumbo al 1 de julio

Lorenzo Meyer. Fotografía: Ricardo López| Gaceta Políticas

Por Fernando R. Tenorio

“Lo que marcará la elección será la insatisfacción”, dijo Lorenzo Meyer, quien asistió a la Facultad para exponernos los que, en su perspectiva, son los problemas más graves en México, y que marcarán el destino del 1 de julio.

Con gráficas, encuestas y datos de todo tipo nos argumentó que los puntos clave, los mayores retos que enfrenta el país son: el desencanto con la calidad de la democracia, la corrupción, el débil Estado de derecho, la violencia e inseguridad, la economía política, el trabajo precarizado, la desigualdad social, la educación deficiente, el capital social inactivo y la política externa con EUA y Trump.

En general, nos presentó el panorama de un país en un ambiente de descontento, de poca o nula confianza en el sistema político; en donde los casos de corrupción están a la orden del día: funcionarios con licencia para robar, como Emilio Lozoya, a quien no se le ha tocado ni con el pétalo de una rosa; en donde se concluye que “por las estadísticas de impunidad, conviene ser delincuente”; en donde la desigualdad está por los cielos: la mitad de la población está en pobreza y cuatro familias con fortunas comparables a porcentajes del PIB; en donde el capital social está inactivo por la desconfianza mutua; y, por último, un México que enfrenta a la mala vecindad de un sector estadounidense resentido, antes oculto, pero ahora activo y liderado por Trump.

El profesor Meyer advirtió que quien sea que llegue a la presidencia no podrá omitir de su agenda política estas graves problemáticas que azotan al país desde hace mucho tiempo. Ante una amenaza del Norte, instituciones no confiables en territorio propio y el año más violento en tiempos modernos mexicanos, se avecina una tormenta perfecta, teniendo cada vez más cercano el día de la elección, que es, en realidad, una elección de país.

Surgió una pregunta de la audiencia; presenta un escenario indeseable pero familiar: el PRI destina todos los recursos para ganar la presidencia, recurriendo a viejas prácticas y utilizando el poder de “sus” instituciones, con lo que logran la victoria de nuevo. El profesor Meyer se valió de la fábula del alacrán y el sapo. El alacrán convence al sapo de ayudarlo a cruzar el lago, y le promete que no lo picará, pero, en la mitad del trayecto, lo pica. “Pero nos hundiremos los dos”, dice el sapo, a lo que el alacrán responde: “Está en mi naturaleza”. Como el alacrán, está en la naturaleza del PRI hacer el fraude. No es futurología, pero el presagio, con ayuda de la historia, no es esperanzador.

El PRI, destacó, no nació como un partido para competir, sino para administrar.  Por mucho tiempo mantuvo al país en estabilidad; pero lo que fue, fue. Finalizó con una reflexión, que más allá de unas elecciones, habla del papel que deberá tener la sociedad para decidir sobre su devenir: “Es la sociedad mexicana la encargada de que el PRI sea ya sólo historia. Es presente, es historia; que no sea futuro”.

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