México y Corea: una antigüedad en común

Doctor Sung Tae Son, de la Universidad de Paichai, Corea del Sur. Fotografía: Myriam Corte| Gaceta Políticas

En la sala Lucio Mendieta se llevó a cabo la clase magistral Similitudes del idioma y costumbres antiguas entre Corea y México, con el doctor Sung Tae Son, de la Universidad de Paichai, Corea del Sur.

El doctor en filología y autor del libro El gran éxodo de los ancestros, cuestionó: ¿Qué relación hay entre mexicanos y coreanos? En la antigüedad, explicó, Corea era la nación más grande de Asia, al norte de China. Los coreanos ocupaban Manchuria y la península coreana; sin embargo, en el siglo décimo a.c. perdieron gran parte de su territorio. Corea se volvió una nación muy pequeña en comparación a otras naciones de Asia.

Once millones de ancestros coreanos desaparecieron del siglo tres al final del siglo séptimo. No sabemos por qué y a dónde fueron. Pero ¿cómo pudieron relacionarse estas dos culturas, con tantas similitudes, en la antigüedad?, preguntó el especialista en cultura indígena mexicana y norteamericana.

Detalló que los coreanos en el siglo V eran los únicos que decoraban la cabeza con plumas de aves o se llamaban con nombres de animales como cerdo, perro, vaca, caballo, oso, conejo. Incluso los enviados especiales de los reinos de Corea, entre ellos los de alto rango, utilizaban plumas como decoración de cabeza hasta el siglo VII, pero las mismas costumbres las tenían los nativos americanos y mexicanos.

Los ancestros coreanos peinaban sus cabellos en formas de moños, como una columna pequeña, y ellos siempre lo colocan al centro de la cabeza. Sucedía lo mismo con los pueblos de la costa occidental de Canadá del siglo XIX, en Dakota del Norte, y con los miembros de la nobleza del imperio azteca.

En Asia, los coreanos eran los únicos que utilizaban sombreros con plumas de animales. Un códice de Cholula del siglo XVII muestra muchas similitudes de aquellas prácticas con las nuestras. Por ejemplo, los reyes de Corea tenían la costumbre de adornar la cabeza con un pañuelo y juntar las puntas en la cabeza, en la parte frontal.

Entre las mujeres coreanas y mexicanas, la ornamenta tenía muchas particularidades. Un caso son las orejeras; en Corea se acostumbraba que hombres y mujeres salían de casa con ellas, pero esto desapareció en el siglo XVIII por la transformación de las leyes de aquel tiempo. Se puede pensar que estas orejeras no tienen origen en otras naciones, pero se equivocan. Los peruanos, nativos norteamericanos y mexicanos también las utilizaban con fines estéticos y jerárquicos.

El Códice Azoyú, que reside en la provincia de Tlapa, Guerrero, es una metáfora de las batallas de los mexicas, representado con antorchas; esta celebración la llaman Tlachimolliteuatl, que significa “quemar los campos”. Pero, ¿por qué llamaron a la celebración Tlachimolliteuatl, y la representaron por una antorcha?, inquirió el ponente.

Justamente en Corea se celebran fiestas con esos dibujos de antorchas, la llamamos Tal-chip-teuki-nolli, indicó el estudioso. En ella, abundó, se construyen casas de árboles y hierbas colgando en la punta una pelota realizada con pajas o cuerda que simboliza la luna llena. Los coreanos le dan culto a la diosa de la Luna y al terminar le prenden fuego a la construcción, posteriormente empiezan a danzar con música tradicional coreana.

Tal en coreano significa luna. Chip es casa. Por tanto quiere decir Casa de la luna. Teuki significa quemar. Es decir, ambas ideas quieren representar la quema de la luna para el surgimiento de una nueva. De manera comparativa tenemos:

 

  • Tal-chip-teuki-nolli                                                COREANO
  • Tla chi molli teuatl                                                 MEXICA

 

El investigador añadió que el texto, La conquista de México, de Francisco López de Gómara, narraba de los indios mexicanos lo siguiente: “Las madres y amas echaban al cuello sobre la espalda al niño con una amantilla que les corre todo el cuerpo, atada al pecho por la puntas, y de esa manera les da la teta por el hombro”. Las madres coreanas llevaban a sus niños de ese modo y cuando tienen hambre, soltando la manta, traen la cabeza de los niños dándoles teta por debajo del sobaco. Las madres en México los amamantaban y decían chichi chichi. Es curioso que las madres coreanas aun en la actualidad digan chichi chichi al momento de amamantar a sus hijos. Eso no es una casualidad, sería imposible.

¿Cómo pudo haber sucedido todo esto si México no estuvo en contacto directo con Corea sino hasta el Siglo XIX?, subrayó el profesor. Existe una posible explicación, propuso: hace unos 20 mil años, antiguos pobladores del noroeste de Asia llegaron a América a través del estrecho de Bering. Existían muy pocos habitantes, entre ellos se dividían en coreanos, japoneses y mongoles. Vivían en la era paleolítica, no tenían cultura, no sabían utilizar fuego ni fabricar casas. En aquel tiempo los hombres que llegaron a América eran pocos, pero al transcurrir el tiempo, aumentó el número, y ellos desarrollaron sus propias culturas: ropas, sombreros, juegos para pasar tiempo y exponer sus lenguas.

Sin embargo, algunos libros antiguos de China explican que los coreanos huyeron hacia el norte. Al desaparecer todos estos coreanos por la pérdida de Manchuria, existió un gran éxodo entre el siglo tercero hasta el décimo; estos 11 millones de coreanos llegaron a América, según mi suposición, precisó el investigador, por las Islas Aleutianas, que son una gama de islas volcánicas que unen el mar Bering con el Océano Pacífico Septentrional. Por ello, destacó el ponente, no es una exageración decir que ustedes mexicanos efectivamente tienen algo de sangre coreana; pero para entender la historia hay que investigar a fondo el pasado y percatarnos que éste no nos tiene tan separados como pueblos, finalizó.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *