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PRESENTACIÓN

2020: de la pandemia a la nueva realidad

Doctora Carola García Calderón

Después de meses de confinamiento nos encontramos en un momento en el que hablar de una nueva realidad no resulta tan novedoso. Hemos tenido que aprender, de un solo golpe y a marchas forzadas, a relacionarnos a través de entornos digitales que han resignificado los códigos sociales.

Ante lo que se percibe como una normalidad alterna, los científicos sociales tenemos un compromiso que va de lo descriptivo —al inicio de la pandemia— a lo propositivo, sobre todo ahora que se vislumbran los cambios sociopolíticos, económicos y ambientales que implicarán la subsistencia en un futuro próximo.

La pandemia evidenció aún más las desigualdades, el acceso diferenciado a servicios de salud, la brecha económica que impidió a muchos quedarse en casa, la situación de quienes viven al día, la economía informal y por supuesto, la brecha digital.

El confinamiento nos ha enfrentado a situaciones complejas en las que cada vez es más notorio el descuido que hemos tenido en el uso de los recursos con los que nuestra generación —y futuras— satisfarán sus necesidades. Si bien esto aparentaría ser un problema, al observarlo con detenimiento representa una oportunidad: la de analizar las decisiones que como Estado hemos tomado, a fin de crear políticas públicas encaminadas a mitigar la marginación social que sufren numerosos connacionales.

Fue en 1987 que el Informe Brundtland1 sentó las bases del desarrollo sostenible; 33 años después es necesaria una resignificación del concepto, hacia un desarrollo social sostenible en el que lo social se debe sumar a la mirada economicista y ambiental, y contemplarlo como parte de las respuestas a los múltiples factores que han generado la crisis civilizatoria que experimentamos.

En este contexto es que la presente edición de Gaceta Políticas busca contribuir a la discusión, a partir de textos orientados a comprender y explicar algunas de las principales problemáticas que se han hecho aún más evidentes en el entorno de la actual crisis sanitaria. Violencia de género, migración, derechos humanos y el manejo de la información son tan sólo algunas de las realidades a considerar al buscar una brújula que nos lleve a restablecer las prácticas sociales en un escenario pospandémico; para ello, primero debemos comprender cuál ha sido el impacto del nuevo coronavirus en nuestra sociedad. La crisis sanitaria supone una ocasión para repensar las estructuras, y a la vez un punto de partida para avanzar en la construcción de una sociedad más igualitaria. Así, este número nos presenta miradas para explicar las consecuencias de la pandemia y recoger enseñanzas que permitan replantear nuestras relaciones ante la tecnología y los cambios de hábitos.

Examinar si el modelo económico preponderante ha traído estabilidad y brindado seguridad a los ciudadanos es una tarea que nos corresponde a los estudiosos de las relaciones sociopolíticas, lo cual nos lleva de modo invariable a la interrogante de si las personas cuentan con las condiciones necesarias para afrontar los retos que se les presenten con dignidad. La geopolítica ha generado disparidades entre el bienestar de los pobladores de regiones concretas que históricamente no se han desarrollado a la par de aquéllas que adoptaron el capitalismo, dejando en claro la pertinencia de reevaluar los modelos productivos actuales, que fomentan la insustentabilidad mediante la acumulación inequitativa de la riqueza.

Observamos así, que más allá de la pandemia tendremos que hablar de sindemia, término acuñado por el doctor Marrill Singer, profesor de la Universidad de Connecticut, con el cual se podría observar la COVID-19 desde el contexto social de los individuos y no únicamente desde sus características de enfermedad infecciosa; dado que acentúa las diferencias ya existentes requiere de una perspectiva integral que permita proponer soluciones interdisciplinarias a los dilemas sociales.

En una situación crítica como la que vivimos es vital contar con explicaciones que nos ayuden a comprender el entorno en el que nos desarrollamos, a la vez de ofrecer alternativas a las circunstancias difíciles por las que pasan los diferentes segmentos de la población. Por supuesto, también requerimos preguntarnos qué tipo de análisis y respuestas estamos proponiendo los científicos sociales. Si bien es cierto que nuestro compromiso es con el saber, también es verdad que precisamos conocer de qué manera la contingencia sanitaria ha afectado la vida cotidiana.

Aprovechar este punto de inflexión es una exigencia para los estudiosos de las ciencias sociales. En el corto plazo podremos plantearnos una nueva realidad, pero no el regreso a una normalidad como la antes conocida; el retorno tendrá que ser bajo otros parámetros y dinámicas de interacción si es que deseamos construir bases sólidas alejadas del modelo predominante pre pandémico, y que den paso a una sociedad incluyente, con una distribución de la riqueza más equitativa, donde se salvaguarden los recursos naturales y se respete a todos los seres vivos del planeta.

Precisamos tomar decisiones que lleven a una mayor conciencia ambiental, modificar hábitos alimenticios, replantear procesos productivos, derivados de un desarrollo económico dispar entre regiones, que generan la insustentabilidad a través de la acumulación inequitativa de la riqueza y de una economía del desperdicio y los desechos; tendremos que generar políticas relativas al transporte público, para el uso de energías renovables. Todo esto, no como esfuerzos individuales, sino como parte de políticas públicas concretas.

Formar parte de la generación constreñida por medidas sanitarias para combatir la pandemia de COVID-19 no era contemplado por los teóricos que explicaron y proyectaron el actuar de la sociedad del siglo XXI; sin embargo, ante esta oportunidad, la decisión de aprovechar la coyuntura reside en nosotros, definiendo el papel que jugaremos en la pospandemia, donde el vínculo entre la educación, la generación de contenidos y las estrategias didácticas con la tecnología se profundizará, para el mantenimiento de una educación de calidad en esta nueva realidad.

1 Informe elaborado por distintas naciones en 1987 para la ONU, por una comisión encabezada por la doctora Harlem Brundtland, entonces primera ministra de Noruega.