El dilema de la institucionalización partidista de MORENA

Gustavo Martínez
Doctor en Investigación en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política por FLACSO-México,
Profesor del Centro de Estudios Políticos de la Facultad

El dilema de la institucionalización partidista de MORENA

El arribo del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) al gobierno de la República, además de su instalación como la fuerza mayoritaria en ambas cámaras del Congreso de la Unión, pone de relieve la importancia de la relación entre el titular del Ejecutivo y el partido en el poder, misma que dista mucho de ser tersa y sencilla, y en cambio supone retos a los gobernantes para asegurarse el apoyo del partido que los impulsó política y electoralmente (Blondel 1994).

La particularidad de la relación entre el nuevo titular de la presidencia, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), y su partido –MORENA–, no sólo se encuentra en el estrecho vínculo entre el político y la organización que él mismo construyó, ni tampoco únicamente en el predominio político alcanzado en los distintos cargos públicos federales, sino, muy especialmente, en el grado de institucionalización de la organización morenista.

Esta característica de los partidos es fundamental para entender el funcionamiento interno y externo de la organización pues, por un lado, permite conocer los valores y procedimientos rutinizados para tomar decisiones (Levitsky 1998) y, por el otro, que el partido entable nexos estables con distintos actores políticos, así como con diversos sectores sociales presentes en su entorno (Panebianco 1995).

Así, un partido institucionalizado es aquél que cuenta con procedimientos para tomar decisiones, los cuales son conocidos por sus afiliados; mantiene lazos con otras organizaciones e instituciones (por ejemplo, sindicatos, partidos opositores y el gobierno en turno); representa a grupos sociales identificables y también  demandas específicas.

Hoy en día es importante discutir sobre el grado de institucionalización de MORENA, así como el modelo de partido que representa, pues los analistas políticos requerimos conocer la manera en que el partido gobernante impulsará sus propuestas de campaña en acciones de gobierno, así como el modo en que éste se vinculará con los diversos sectores sociales en el ámbito legislativo, en donde cuenta con la mayoría absoluta.

Y sobre todo, es fundamental entender cómo  se vinculará MORENA con su principal líder, AMLO, una vez instalado éste en la presidencia, pues el partido se enfrenta al dilema de –en su calidad de “agente”– responder constantemente a dos ejes “principales”: uno centrado en la figura de su líder político y el otro en el electorado que apoyó al partido.

Revisando el proceso político de la formación de MORENA, éste se puede rastrear hasta los comicios presidenciales del año 2006. Tras su derrota por un estrecho margen, AMLO encabezó un movimiento de protesta social en contra de los resultados electorales, lo que le permitió organizar a diversos sectores sociales, inconformes no sólo con el proceso comicial sino con el modelo de los gobiernos instalados en la presidencia desde la década de los años ochenta.Y que vieron la continuidad de las políticas liberalizadoras durante las gestiones panistas de inicios del siglo XXI.

>De acuerdo con Rosendo Bolívar (Bolívar Meza 2017), el movimiento iniciado por AMLO en aquel momento contaba con dos elementos que le imprimieron identidad y que, a su vez, facilitaron la organización de la acción coordinada de sus simpatizantes: por un lado, existía un liderazgo carismático de tiempo completo, y por el otro lado había un discurso capaz de unificarlos a todos, lo que a su vez les permitía generar una identidad común que se reflejaba en la propuesta lopezobradorista del Proyecto Alternativo de Nación (Bolívar Meza 2014).

Con estos factore se puede dilucidar que en el inicio de su formación, o en los términos politológicos de Ángelo Panebianco (1995): en el momento originario del partido, éste contaba con un núcleo concentrado en torno al liderazgo de AMLO, capaz de difundir la formación de comités morenistas en diversos territorios, los cuales “recibían” el incentivo colectivo de una identidad común, derivada de formar parte del Movimiento de Regeneración Nacional y del Proyecto Alternativo de Nación.

 

Sería a partir de esto: el liderazgo centralizado y los incentivos colectivos, que AMLO pudo construir una organización partidista durante los años siguientes, hasta que ésta se formalizó tras obtener su registro ante la autoridad electoral federal en 2014, y posteriormente accedió a competir en  los comicios federales de 2015.

Si bien se reconoció que el momento originario es fundamental para comprender el tipo de institucionalización partidista, y que en el caso de MORENA contó con factores que impulsaron su formación, la literatura politológica sobre el estudio de los partidos ha reconocido que es importante la manera en que se rutinizan sus valores organizativos y, también, se procesan y toman las decisiones relevantes para su vida interna (Levitsky 1998, Bolleyer and Ruth 2018), pues al final, esto definirá, a su vez, el grado de autonomía del partido respecto a su entorno, y delineará las posibilidades de su supervivencia (Panebianco 1995).

Hoy la Ciencia Política mexicana no tiene clara la manera en que se  decide al interior de la organización del —ahora— partido gobernante. Debido a su “vertiginosa” formación y crecimiento electoral, pocas investigaciones alcanzan a comprender el funcionamiento de su vida interna.

Un ejemplo sobre cómo  MORENA ha tomado determinaciones es el método de la “tómbola” que usó para seleccionar a sus candidatos a cargos legislativos. Si bien este método parece que fue útil para reclutar a afiliados durante su primera participación electoral en los comicios de 2015, hoy está presente la duda de si continuará con dicho método, una vez que accedió al gobierno , así como la manera en que se alterarán las expectativas de seguidores que busquen una candidatura.

Otro asunto relevante para el futuro gobierno morenista es cómo se vinculará AMLO con los coordinadores del partido en el Congreso de la Unión, con el dirigente nacional y los estatales. Esta interlocución no parece  fácil, pues existen relevantes liderazgos “medianos”, con agendas propias (como ocurre con Ricardo Monreal en el senado, Martí Batres en la cámara de diputados, o la dirigente nacional de MORENA, Yeidckol Polevnsky), además de los afiliados de base que buscarán acceder a cargos públicos locales mediante el apoyo morenista.

El dilema al que ahora se enfrenta el partido es encontrar la ruta para  tomar decisiones lo más cercanas posibles a las preferencias de su líder nacional, y que a su vez evite las rupturas internas. Este dilema se agrava en partidos poco institucionalizados, como lo es hoy MORENA, pues las reglas internas se re-escriben casi cotidianamente.

La institucionalización de los partidos políticos es producto de un proceso que suele atravesar diversos obstáculos que dificultan su enraizamiento social (Mainwaring 1997); pero incluso, si se alcanza dicha característica, no necesariamente implica que se asegura su supervivencia en el mediano o largo plazos.

Paradójicamente, uno de los aspectos que suele dificultar la institucionalización partidista consiste en la presencia de un liderazgo muy influyente, pues éste siempre se ubica por encima de las decisiones y procesos de la organización, contraviniendo su formalización. Además, se añade la complicación de “rutinizar el liderazgo” dentro del partido (Panebianco 1994) y, así, convertirlo en un activo en favor de su institucionalización.

Hasta el momento, el grupo cercano a AMLO se ha instalado en las principales posiciones de la dirigencia nacional de MORENA, y esto ha asegurado niveles moderados de coordinación entre el líder y su organización, pero el reto por venir es el futuro crecimiento del partido, lo que supone un aumento en la diversidad de intereses de sus afiliados que, posiblemente, solo verán a éste como un vehículo para su satisfacción individual. La importancia de la institucionalización radica en reunir ambos intereses, los individuales y los colectivos. No obstante, en el presente  sólo parece que en MORENA hay un individuo, el líder nacional.

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