Futbol, espejo acrecentado de la realidad

El futbol: desconcierto de los intelectuales o enajenación para el pensamiento de izquierda, Juan Villoro. Fotografía: Diana Rojas| Gaceta Políticas

El futbol, desconcierto de los intelectuales, o enajenación para el pensamiento de izquierda, ha transitado de ser un tema frívolo para la academia, a mirarse como un “espejo acrecentado de la realidad”, señaló el escritor Juan Villoro, quien junto con el doctor Sergio Varela, profesor del plantel, presentó la conferencia: Futbol e identidad social, en la que se habló sobre las implicaciones sociales de este deporte .

A través de distintos sucesos históricos, y las múltiples relaciones entre diferentes grupos, que van desde los medios de comunicación hasta instituciones de la política, Villoro despejó las aristas en las que convergen el futbol y la sociedad.

Desde el punto de vista político, el también sociólogo denominó al balompié como un medio utilizado para ejercer el autoritarismo en las democracias, pues las raíces de la organización institucional de la FIFA es similar a la gestión interna de los propios partidos.

Entre las prácticas sociales relacionadas con este deporte se citaron dos: la violencia y la disparidad de género. La primera tiene su expresión en las riñas entre aficionados, llegando al extremo del asesinato, preciso el académico. La segunda se vincula a las diferencias entre hombres y mujeres en la práctica. En cuanto a los vicios existentes, se indicó que “hay un clima de distorsión en el juego”. Estos problemas, se explicó, no son propios del juego, sino de los fenómenos sociales, los cuales se hacen aún más notorios porque el futbol es el de mayor exposición a nivel mundial.

Luego de señalar que “el futbol es un sistema de representación de la realidad”, el ponente también abordó el papel del mercado,  donde la publicidad, proyección en televisión y la venta de los jugadores son los negocios más redituables, y en cuyo seno se vive “la guerra santa entre Adidas y Nike”, bromeó el columnista.

Al finalizar, después de algunos temas llevados a la mesa por Varela, el autor de Dios es redondo cerró con la evocación del cronista Ángel Fernández, quien “hacía que el partido más aburrido del mundo se convirtiera en la guerra de Troya”.

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